ESPECTÁCULOS

La terrible momento de Tartu: "Cuando te toca un virus, te lleva"

El panelista de Intrusos reveló el diagnóstico y contó todo a través de un relato dramático.
martes, 07 de junio de 2016 · 00:00
BUENOS AIRES.- Tartu publicó un relato en primera persona sobre su estado de salud luego de que le diagnosticaran su enfermedad en un hospital público después de padecer horas en la medicina privada: "Cuando te toca un virus, te lleva", aseguró.

El relato delirante y furioso del compañero de Jorge Rial en Intrusos fue reproducido en BigBangNews: "La fiebre es alucinante. Diseñada para hacer el ambiente invivible para el virus invasor, transforma tu cuerpo en un caldero para brujas de Disney, siempre hirviente. Si prestás atención, en la soledad de la noche, escuchás por dentro ruidos raros, de pelea. Vas al baño y el pis es un chorro de plomo derretido; el plástico del vasito para enjuagarse lo dientes medio que se derrite cuando le apoyas los labios; metés la cabeza en el freezer y te das cuenta de cuánto aumentaron las cosas: está vacío".
 
"El lunes la gente fue a trabajar, los chicos a la escuela, los garcas a tener reuniones con otros garcas. Pero yo me quedé en casa. Y cuando el sol se hizo oblicuo, me agarro una angustia, una angustia, una angustia. Sabía que venía la noche larga, la fiebre, el malestar, la tos. Dormí como Sarmiento, sentado, despertando cada media hora y mirando a la ventana, como Sarmiento, esperando que el día me rescate de las tinieblas. El martes fue igual".

"El miércoles a la madrugada tosía y tosía. Era un prisionero de "Apocalypse now”, infectado con malaria y la piel de napalm. Me fui a la guardia de medicina privada. Me cambió la medicación terminada en "exhina” que me había dado la "médica 200.000” y me dijo: "Bueno, tampoco te estás muriendo”. Debe ser una línea que los muy boludos aprendieron en "Grey‘s Anatomy”.

El jueves me asusté mucho. Tosía, tosía y me costaba encontrar aire para respirar. Ni siquiera me dormí sentado como Sarmiento, porque iba a terminar como Sarmiento: padre del aula, Sarmiento mortal. Apoyaba la cabeza contra cada vidrio helado de la casa y me acordaba de mi abuelo Vincenzo que se escapó del frente italiano de la Segunda Guerra y, camino al puerto, tenía tanta sed que chupaba las manijas de los trenes para sentir algo fresco en la boca. Me asusté mucho porque sentí que no daba más, que no iba a sobrevivir otra noche más. Así, porque ya estaba entregado".

"El viernes a la mañana le escribí a mi amigo, el Dr. Palombo. "Debés estar muy cagado”, me dijo. "Venite al hospital después del almuerzo porque antes esto esta estallado de gente con gripe”. ¿Hospital? Era raro volver a un hospital público, donde siempre me gusto atenderme porque hay médicos que vieron miles de dolientes. Hasta que una novia, de esas progre de losa radiante, me dijo: "¿Por qué no te dejás de joder y te atendés con tu prepaga? ¿No te das cuenta de que le sacás el turno a un pobre en el hospital?”. Me dejó mudo. Después, me dejó".
 
"El viernes fui al hospital municipal de Vicente López. El Dr. Palombo, que cree en el valor humano del arte de curar, me hizo ver por la infectóloga, la doctora Balbuena y el clínico Núñez. "Tenés dos broncoespasmos”, me dijeron. "La radiografía se ve bien fea”. Palombo, que ha visto miles de dolientes, sentenció: "Antibióticos y ventolín, que es lo que te tendrían que haber dado apenas te auscultaron, mamma mia”. Eso. "Mamma mia”. Y la p... que los parió, también". 

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