Mujer

Las pavadas que amenazan a tu pareja

Muchas veces, todo empieza con un comentario inocente, que los lleva a una discusión y, de ahí... directo al frente de una batalla campal.
martes, 27 de julio de 2010 · 00:00

En una pareja, un tsunami puede desatarse a causa de algo tan chiquito como un iPod. Como lo encontraste con la batería baja, le preguntaste a tu chico si se olvidó de apagarlo cuando terminó de usarlo en el gym. Y él consideró que, directa o indirectamente, lo estabas acusando poco menos que de idiota.

Resumiendo: siguieron “hablando” (o sea, intercambiando ataques y defensas), hasta terminar cuestionándose qué hacían al lado de alguien así... así de obtuso y nefasto, obvio. A esa altura, seguramente te estarás preguntando cómo fue que pasaron de una batería descargada a la posibilidad de una separación. Es simple: todas las parejas tienden, en algún momento, a convertir algo mínimo en un problema gigante.

“Lo más probable es que ni se acuerden de cuál fue el origen de la pelea. Es que partieron de una situación trivial que fue desvirtuándose al punto de enfrentarlos como rivales. A partir de pavadas, a veces, se terminan discutiendo insatisfacciones, rencores y carencias”, explica la psicóloga y sexóloga Alcira Camillucci. “En la mayoría de estas agarradas, cada uno está tan ocupado en pensar qué carta va a jugar para ganar que no escucha lo que el otro tiene para decir. Y, en lugar de reírse y tomar la situación con humor, se termina llorando o gritando”, agrega. El secreto está en aprender a intercambiar opiniones de forma pacífica, dándoles el lugar que merecen.

Discutí... pero sabé escuchar
Cuando nos sentimos atacados, nuestra reacción automática es contraatacar, usando lo que tengamos a mano... aunque se trate de artillería pesada. “Este mecanismo de defensa incluye pasar facturas antiguas, sacar a relucir enfrentamientos de familia, usar el sarcasmo u ofender al otro metiéndolo en la misma bolsa que a los demás. Pero una discusión sana y positiva, que le aporte algo a la pareja, necesita cierta dosis de ‘olvido’: hay cuestiones que conviene archivar y empezar de cero. De lo contrario, vas a terminar sacándolas a la luz apenas el otro no te pase la sal como vos querías”, explica Camillucci. Y agrega: “Conviene encuadrar la discusión y hacer foco en el tema específico, sin mezclar. Si es una pavada, nos limitamos a esa cuestión ínfima. Si hay que hablar de un tema serio, se charla”.

Acordate: esto se hace sin gritar, sin ofender y con ganas de entender qué quiere y necesita el otro de mí. “Nos enseñaron a hablar, leer, escribir correctamente; pero no a charlar, que es algo muy diferente de hablar. Una conversación se da sólo cuando se habla y escucha de una forma comprometida. Para lograrlo, es primordial aprender a preguntar, a pedir y a ofrecer. También hay que respetar las creencias y comprender las diferentes actitudes del otro, aunque no las compartamos”. A veces, podés mostrar cómo querés que te traten (con educación, respeto, comprensión), procediendo de esa misma forma con el otro.

Algunas reglas básicas
Cuando estás de a dos, las discusiones son inevitables. Según una encuesta realizada por la empresa neozelandesa Relationship Services, el 78% de las parejas tiene desacuerdos sin resolver. El manejo del dinero encabeza el ranking de las discusiones. ¿Otros motivos? La presión laboral, la falta de tiempo, las labores domésticas y el sexo (con infidelidad incluida).

Esto no significa que tengas que resignarte a las agresiones y ofensas. ¡Para nada! ¿Cómo impedirlas? En primer lugar, es importante evitar ese tono acusador que imponés cuando usás la segunda persona del singular. “Aprendé a decir: ‘Quizá yo no me expliqué bien’, en lugar de:‘Vos me entendiste mal’. Es tan simple como efectivo”, aconseja la psicóloga Lidia Bequer, fundadora de la consultora Eco Coaching y autora de Atrevete. Además, hay otros factores que pueden ayudar a una pareja a lograr una discusión sana. Prestá atención:

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