Mujer

Todos los tips para que detectes a un mujeriego empedernido

Te revelamos algunas claves para reconocerlos a tiempo y no caer en sus redes. Leé y tomá nota!.
sábado, 16 de abril de 2011 · 00:00

En blanco y negro, un hombre maduro recorre un pasillo piropeando con voz seductora a cada mujer que pasa, no importa si es una monja, una prostituta, una mucama… esta es una de las primeras secuencias de la película Mujeres al borde de un ataque de nervios, de Almodóvar, el causante de la histeria de la protagonista (la amante desplazada por otra nueva amante) y la inspiración para compartirles este post.

Hombres mujeriegos sobran, y es muy probable que casi todas hayamos caído alguna vez en las redes de alguno de ellos, a mi, por lo menos me sobran las historias, propias y de mujeres cercanas a mi que han sufrido mucho –o por lo menos pasado un mal rato- por haber puesto los ojos en tipos con pretensiones de macho alfa.

Estos sujetos pueden resultar muy encantadores –aunque no necesariamente lindos físicamente-, tienen poca capacidad para sentir culpa pero mucha auto indulgencia y, sobre todo, una labia capaz de convencer aún a la más renuente.

Ellos, además, suelen ser el objetivo añorado para las mujeres con espíritu muy competitivo que creen, ingenuamente, que pueden atraparlos; algo bastante difícil, ya que los “donjuanes” tienden a afianzar su ego con sus conquistas y a pesar de que pueden enamorarse, el desgaste normal del tiempo en una relación, el aburrimiento y la poca capacidad de controlar sus impulsos sexuales, hace que puedan desviar su atención fácilmente a cada mujer “interesante” que responda a sus encantos.

Pero, para nuestra suerte, un hombre mujeriego no puede ocultar su naturaleza, las señales están a la vista… si no nos negamos a ver.

Algunas pistas para reconocerlos:

-Te lleva a lugares aislados o directamente, prefiere no salir y mejor quedarse en el departamento.

-No te presenta con su familia, con compañeros de trabajo, ni con sus amigos o amigas (aunque muchos hasta se empeñan en conocer a los tuyos para tener más credibilidad ante ti).

-Utiliza sólo apodos para hablarte por teléfono o en la intimidad.

-No puede evitar desviar la mirada (y mantenerla más de lo normal) cuando una mujer (aunque no sea despampanante) pasa cerca.

-No resiste corresponder un coqueteo, aunque tu estés presente; si una mujer le sonríe, invariablemente le devolverá la sonrisa.

-Sus perfiles en línea, o están tan restringidos que no puedes ver ni su “muro”, o los tiene repletos de fotos de él, o de fiesta con amigos y “amigas”; tiene en sus contactos bastante mujeres, muchas de ellas muy lindas, aunque algunas ni siquiera sean de la misma ciudad o país.

-Mantiene su discurso y tono “seductor” a donde quiera que va, lo usa con la mesera, las compañeras de trabajo y hasta la señora de la panadería. ¡Ah!, y si conoce a tus amigas, ten casi por seguro, que también las verá como futuras presas y se portará “encantador” con ellas.

-Es extremadamente celoso de su celular, casi nunca lo contesta si tú estás presente, se va a otra habitación, directamente lo apaga, o si responde, puede que utilice el viejo truco de hablar en plural para despistar: “¡Ah sí!, ¿cómo están todos?”

-Te llena de halagos pero no suele interesarse en tu pasado o en tu vida cotidiana.

-Algunos psicólogos dicen que un factor que puede ser muy influyente es que haya tenido un padre o figura importante masculina que fuera un mujeriego, convirtiéndose así en su modelo de hombría.

-Todas sus acciones están enfocadas a tener relaciones, cada que se ven, logra llevarte a la cama. Actúa casi compulsivamente en este aspecto para afirmar su condición de macho y superar asimismo su temor a la homosexualidad y a las mujeres (según explica la psicóloga Isabel Larraburu).

-Es extremadamente narcisista, le gusta mirarse al espejo con más frecuencia de lo normal, buscan admiración y estatus.

-Busca impresionar con demostraciones propias del estereotipo masculino –por el que siente admiración-, como la fuerza física, los logros competitivos, riqueza y hasta v

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