Mujer

Ruptura de pareja: Desde la mujer, cómo hacerle frente

Si ya tenés la decisión tomada, no te podés perder esta nota con todas las claves apra que este cambio te perjudique lo menos posible.
miércoles, 13 de julio de 2011 · 00:00
Todo concluye al fin, dice la canción y aunque muchos a veces dicen que el amor es eterno, en la práctica las cosas evolucionan para parejas cada vez más efímeras.

Los síntomas del "ya fue". Un día, te sentís amada, comprendida, reconfortada, correspondida, y de pronto, sentís que no da para más, que estás aburrida, que no sos feliz. Le das vueltas y vueltas, te decís inconformista, poco tolerante, pero la certeza es contundente: te querés separar. Internamente, la decisión está tomada, ahora hay que llevarla a los hechos.

Está comprobado que somos totalmente incapaces de predecir qué nos va a hacer felices, así que aflojá con el enrosque y confía en lo que sentís. Si lo estás maquinando desde hace tiempo y no sabés cómo seguir, te damos algunas pistas para abordar todo eso que te hace dudar y te impide actuar.

Lo material

Nunca antes te habías puesto a pensar qué cosas eran tuyas, cuáles de él y cuáles de los dos. Pero el día de la división de bienes llega, y es uno de los puntos que vas a tener que empezar a considerar. La casa, el auto, todo eso que son los "bienes en común" a la hora de la división, si no se actúa correctamente, se vuelven los "males en común".

Qué hacer: priorizá tu salud mental, tu tranquilidad. Obsesionarte con lo material es una forma de aferrarte desmedidamente al otro, disimular la incapacidad de hacer el corte definitivo. Llega un momento en el que tenés que resignarte al cambio y soltar. Que la casa, el auto, los muebles, no sean la excusa para seguir enganchada en esas idas y vueltas superficiales. Por más que la disolución de la pareja no se haya dado en buenos términos o que hayan llegado a esa decisión por motivos desagradables, hay que levantar la cabeza y seguir caminando. Quedarte lidiando por la mitad de lo que hasta hoy compartían no vale lo que vale tu felicidad.

Los hijos

Ellos no deberían estar en juego a la hora de las negociaciones crudas. Los hijos son de los dos y, a la vez, de ninguno, ¡tienen vida propia, intereses y voluntad! No pueden ser el puente ni la carnada para llegar al otro. Es trillado, archirrepetido, pero hay que grabarlo a fuego: actuar con buenas intenciones y dejarlos fuera de las internas de los adultos.

Qué hacer: lo mejor es empezar a trabajar este tema ya mismo, de lo contrario, te vas a retorcer envenenada. Si desatás una batalla campal entre él y vos, o entre su familia y vos, los que más se van a ver perjudicados serán los chicos. Para ellos no es fácil poner en palabras lo que les pasa. Lo que sienten y piensan va creando nudos de dolor que es mejor ayudarlos a deshacer. Hacétela fácil, no te enrosques y bancátela. Así, vas a ayudar a tus hijos a que no vivan este momento como una catástrofe, sino como algo que puede pasar y que, cuando sucede, se afronta adultamente. En este caso, es bueno pedir ayuda, hacer alguna consulta terapéutica.

El estatus social

Para algunas mujeres, la separación significa volver al mundo del trabajo más intensamente o comenzar a ejercer una profesión hasta ese momento abandonada. Una nueva vida, entonces, en todo sentido: volver a "soltera", irse a vivir sola (si no hay hijos), alquilar algo más chico (si se tiene menos dinero) o hasta volver a la casa de los padres mientras se termina de dar el salto completo.

Qué hacer: tu actitud tiene que ser proactiva. No dejes de hacer cosas por vos, es el momento de reforzar la autoestima y aprender a conocerte en esta nueva etapa. La separación es un desafío importante, y cuando el cambio se realiza con decisión, siempre es positivo. Si no lo creés, preguntá a tu alrededor. La amplia mayoría de las mujeres que se separaron por decisión propia afirman que el cambio las favoreció ciento por ciento, aun en los casos en que se perdieron comodidades económicas.

La culpa

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