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Conflicto en Gaza:"La guerra diaria" III

La mirada del conflicto bélico por dentro, en los ojos de un arquitecto argentino que hace años vive en Israel. El día a día de una situación que se agrava.
lunes, 19 de enero de 2009 · 00:00
Nota exclusiva de El Intransigente cedida a Minuto Neuquén.

El Intransigente ofrece una crónica de lo que sucede en la Franja de Gaza, los ataques, el conflicto y la mirada desde Israel que muestra, en los ojos y desde la perspectiva de Uriel Kon, arquitecto argentino residente en ese país hace mucho tiempo, la continuidad de un problema histórico, social, religioso y de toda índole, que sólo trae la peor de las consecuencias. Otra vez la guerra, otra vez el horror. Una parte de la historia que más allá de toda polémica, está contada en primera persona y refleja un panorama de lo que sucede a lo lejos, cuando todo parece estar lleno de números, sitios y acciones de las que poco podemos llegar a profundizar. A continuación, una tercera parte del texto:

Nota de guerra: a los siete días de comenzados los enfrentamientos, los caídos sobrepasan las cuatro centenas. Se acusa al enemigo de maldad y sadismo, se lo insta a cesar el fuego, se lo cataloga de asesino aun cuando el “puntaje” va 400 contra 4. Llega el fin de semana y recibo la visita de una familia de refugiados quienes viven en un Kibutz cerca de Gaza y que han decidido tomarse un respiro. Ellos están en contra de la guerra, aun sufriendo el constante ataque de los misiles Kassam. Hablamos de literatura y de música. Hablamos de la guerra y de la perversión en la sociedad.

En los pequeños asentamientos, los pobladores son informados sobre peligros y falsas alarmas mediante un mensaje de texto en el teléfono celular emitido por cuerpo de seguridad del lugar: “no tema, prontamente se escucharan explosiones. Explosiones “correctas”, efectuadas por nuestra fuerza”.

La guerra se vive intensamente, sublimada y explotada por la televisión, la radio, los blogs, los sitios de la web y la telefonía celular. Los pubs emiten la guerra en pantallas LCD. La gente sigue las imágenes mientras ordena pastas, come ensaladas y sorbe alguna cerveza liviana.

Nota de guerra: el sábado por la tarde se anuncia una manifestación en contra de la guerra en Tel-Aviv. Consigo un lugar en un auto que viaja transportando a 4 manifestantes. Se trata un arqueólogo indignado que nos conduce a la marcha con una gran rapidez. En el viaje rememoramos viejas manifestaciones como si se tratara de fiestas juveniles. Miro por la ventanilla del auto, los autobuses tienen grandes propagandas en su corteza, relacionadas con las próximas elecciones. Las consignas son todas militaristas: “aniquilar al Hamas”, “Israel fuerte y segura”, etc. Los rostros de Ehud Barak, Tzipi Livni y Benjamin Netanyahu recorren la ciudad de Tel Aviv y la rellenan de una gran esperanza, la esperanza de la guerra.

Al llegar y estacionar, oímos a través de la radio del playero que el ejercito acaba de invadir con su cuerpo de infantería la franja de Gaza, con el apoyo de la fuerza naval y otras que sus nombres no se reproducir. Me entero (no sé si es verdad) que han prohibido a los manifestantes el derecho a izar la bandera de Israel, ya que en épocas de guerra hay que estar unidos, crear una imagen de unidad.

Internarse en la masa de manifestantes, diez mil en número, produce placer. La sensación de que acabamos de ingerir un complejo de enzimas que nos permite procesar la realidad que se nos ha impuesto. Árabes e Israelíes, profesores, artistas y políticos marchan por las calles céntricas de Tel Aviv mientras alrededor la gente puebla los restoranes y asoma por los balcones para insultar a los manifestantes. “vayan a vivir a Gaza!!”, “traidores!!”.

Recuerdo por un momento la manifestación en contra de la guerra del Líbano II de la que fui parte. Al mirar de manera azarosa a un balcón vi un hombre empuñando una pistola, apuntándonos. Al caminar, el sentimiento de tranquilidad se mezcla con el miedo a ser atacado por un fanático. La manifestación es un tanto burguesa.

La gente se encuentra con amigos, se canta, pero se charla de temas variados. Camino y veo a familiares de viejos escritores y fi

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