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San Valentín...un loco, loco, enamorado

A pesar de que la Iglesia lo quitó en 1969 de su santoral por tratarse de fiestas con azote a las mujeres, la celebración continúa cada año en todo el mundo. Cuenta la leyenda...
sábado, 14 de febrero de 2009 · 00:00
A San Valentín se lo celebra en todo el mundo cada 14 de febrero como Patrono de los Enamorados, a pesar de que la Iglesia lo quitó en 1969 de su santoral y a que esta fiesta deriva de viejos ritos paganos que incluían el azote a las mujeres para fertilizarlas.

En el almanaque de la celebraciones romanas, el Día de los Enamorados se festejaba el 15 de febrero y tenía como "patrono" a Fausto Luperco, dios pastoral de la fertilidad, que tomó su nombre de Luperca, la loba que amamantó a Rómulo y Remo.

Los sacerdotes de su cofradía, los "luperci", hacían ese día una curiosa procesión en torno al Palatino: desnudos y blandiendo un rebenque de cuero de cabra, azotaban a las mujeres que se les cruzaban, con la excusa de que así las volverían fecundas.

Luego la ceremonia varió: los 14 de febrero ellas depositaban sus nombres en una urna y el 15 cada varón extraía uno. Así se conformaban las parejas para asegurar la descendencia.

En Grecia, también el 15 de febrero, se celebraba al dios Pan quien -según creían- violaba en los bosques a cuantos pasaran, sin reparar en edad ni sexo, de donde surgió la palabra "pánico".

Los rituales en honor a Pan y a Luperco estaban llenos de furor sexual: presagiaban la relativa cercanía de la primavera y lo peor era que los antiguos cristianos no se los perdían.

Esto motivó a la Iglesia católica a meter baza: siguiendo las indicaciones de Pablo sobre la conveniencia de yuxtaponer las celebraciones cristianas a la paganas para borrar a estas últimas, el papa Gelasio introdujo en 498 el Día de san Valentín.

Lo fijó para el 14 de febrero, adosado a la lupercalia del 15, y con tan buena suerte que ya nadie recuerda a Pan ni a Lupercus, ni a los azotes dados en su nombre.

En 1969, quizás porque ya había rendido sus frutos, san Valentín fue borrado del calendario eclesiástico, lo que no quita que siga siendo celebrado en algunas parroquias.

La decisión fue tomada debido al origen incierto de las diversas leyendas que lo rodean y que, se sospecha, fueron inventadas en la Edad Media.

Aunque hubo al menos cuatro mártires llamados Valentín, se cree que Gelasio habría instaurado como patrón de los enamorados a quien fue obispo de Interamna, hoy Terni. Había nacido en Roma durante el siglo III, bajo el gobierno de Claudio II.

El emperador necesitaba de los jóvenes para cuidar las fronteras de su imperio en decadencia, y como los recién casados se negaban a alejarse, dispuso en el año 270 la prohibición del casamiento y la pena de muerte para quien violara su edicto.

Pero Valentín comenzó entonces a casar en secreto a las parejas, a las que les regalaba una flor blanca que significaba pureza y fidelidad, y que luego dio origen al ramillete de novia.

Cuando lo descubrieron fue sentenciado a tres penas sucesivas: azotes, piedras y finalmente, decapitación.

Entre una y otra sentencia, dio con sus huesos al calabozo donde conoció a Julia, una joven ciega, hija del carcelero Asterio, de la cual, se dice, Valentín se enamoró.

La leyenda señala que el obispo la convirtió al cristianismo y que obró un milagro: Julia pudo ver.

Después que Valentín murió, en agradecimiento, la muchacha plantó cerca de su tumba un almendro de flores rosadas, símbolo de amor y amistad.

El santo fue ejecutado el 14 de febrero de 271 y enterrado dos veces: primero, en el templo de Práxedes, en Roma; y luego, en la iglesia de San Antón, Madrid, hacia donde ese día peregrinan actualmente jóvenes cristianos de toda Europa para pedirle protección.

El Día de los Enamorados se festeja prácticamente en todo el mundo: es san Valentín, entre los cristianos; Tu beAv entre los judíos; los chinos le llaman Qi Qiao Jie (Fiesta del Doble Siete) y los japoneses Tanabata, aunque sus comunidades cristianas también festejan al santo.

La fecha, claro está, no