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El testimonio de la hija del "monstruo de Amstetten", clave en la segunda jornada del juicio

El juicio contra Josef Fritzl, el austríaco que mantuvo a su hija encerrada en un sótano durante 24 años y que la violó repetidamente, se reanudó hoy, con la grabación de las palabras de Elisabeth sobre su cautiverio.
martes, 17 de marzo de 2009 · 00:00
El jurado que sigue el proceso contra el austríaco Josef Fritzl, acusado de matener cautiva a su hija durante 24 años y de haberla sometido a violaciones reiteradas, vio hoy partes del video de once horas de duración con la declaración a la víctima, quien por protección no compareció ante el tribunal en esta segunda jornada del juicio.

Los cerca de 200 periodistas de todo el mundo acreditados para el proceso se quedaron fuera de la sala del Tribunal de la localidad de St. P"lten por las declaraciones extremadamente personales de Elisabeth, quien permaneció más de dos décadas en un sótano sin ventanas y dio a luz a siete hijos, producto del incesto.

El proceso contra el "monstruo de Amstetten" concluirá probablemente el jueves, un día antes de lo esperado, y los medios podrán acceder a la sesión de mañana, según el portavoz del tribunal, Franz Cutka.

"Josef Frtizl se manifestó sobre todas las declaraciones", señaló Cutka, quien agregó que no podía dar más detalles sobre el tema por razones legales.

"Como los medios han sido apartados por decisión judicial, no podemos dar detalle alguno", había señalado antes el abogado defensor del Fritzl, Rudolf Mayer, a la televisión austriaca ORF, según difundió la agencia de noticias DPA.

Pocos minutos antes de que comenzara la sesión el acusado fue trasladado a la sala desde una prisión próxima, donde se repitió la escena de ayer: Fritzl, sin estar esposado, sujetaba un archivador abierto de color azul junto a su rostro y se mantuvo sin moverse en la sala, mientras un fotógrafo y dos cámaras de televisión intentaban captar una imagen de su rostro.

"Sencillamente se avergüenza. No ha dicho nada al respecto", dijo el abogado Mayer.

Sin embargo, tras una pausa al mediodía, Fritzl bajó por un momento la carpeta con la que se cubría, un momento muy breve que de todos modos fue aprovechado por los pocos fotógrafos a los que se les permitió la entrada en la sala.

Erich Huber-Günsthofer, un responsable del centro penitenciario en St. P"lten donde se encuentra Fritzl desde abril de 2008 cuando salió a la luz la noticia del cautiverio, dijo que Fritzl está recibiendo la visita de un psquiatra.

Además, se han tomado medidas para evitar un posible intento de suicidio, según indicó un funcionario a la agencia de noticias austríaca APA.

El proceso proseguirá mañana con el decisivo informe psiquiátrico de Josef Fritzl, en el que -según algunos medios- se recomienda que siga internado después de que concluya la condena en prisión, que se da por segura.

Algunos pasajes del documento de 130 páginas ya fue conocido hace meses. Otros dos informes técnicos sobre cómo fueron fabricadas las cerraduras de las puertas del sótano se leerán durante la sesión.

Durante la primera jornada del juicio que se inició ayer, Fritzl se declaró inocente de la acusación de homicidio de uno de los siete hijos-nietos, aunque admitió su culpabilidad total o parcial respecto de las acusaciones de violación, incesto y privación de libertad.

Según los testimonios, Fritzl hizo bajar en 1984 a su hija Elisabeth, de entonces 18 años, al sótano sin ventanas preparado anteriormente por él en su casa de la localidad austríaca de Amstetten.

Allí la encadenó y la violó en reiteradas ocasiones y producto de estos abusos nacieron siete hijos, de los cuales uno murió poco después de su nacimiento debido a una enfermedad en las vías respiratorias.

A pesar de las súplicas de su hija, Fritzl se negó a llevar al bebé a una clínica, por lo que el niño murió pocos días después y fue incinerado en una estufa por Fritzl. Por este episodio, fue acusado de homicido, aunque ayer negó este cargo, como el de esclavitud.

Tres de los chicos permanecieron en el sótano con su madre y los otros tres fueron adoptados por Fritzl y su esposa, ya que hizo creer que su madre los había abandonado.

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