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Una mujer inglesa tiene 300 orgasmos al día

Se llama Michelle Thompson y sufre un padecimiento denominado 'Síndrome de excitación persistente'; asegura que antes de su actual novio ningún hombre podía satisfacer sus necesidades sexuales y todos se cansaban de ella.
lunes, 21 de febrero de 2011 · 00:00
La rara condición que sufre esta robusta mujer, la lleva a estar excitada y tener climax sexuales en cualquier momento y lugar. Incluso tuvo que dejar uno de sus trabajos porque no podía reprimir sus orgasmos en la empresa.

Su primer novio, como tantos otros que vinieron luego, la dejó después de unos meses bajo el argumento de que no podía satisfacer sus necesidades sexuales. "Soy suertuda por tener tantos orgasmos cuando hay mujeres que jamás han tenido uno en su vida. Pero esta condición ya había arruinado mi vida", señala entre culminación y culminación.

Lo de Michelle no es un vicio sino una anomalía poco frecuente que hace fluir más sangre de la debida hacia los órganos genitales propiciando el clímax y la excitación sexual.

Durante años ha intentado buscar una cura para su trastorno. Ahora no. Ahora está más o menos satisfecha: "Si alguien viniera y me quitara para siempre mis orgasmos, creo que quedaría devastada".Hasta ahora Michelle había sobrellevado su trastorno entre la alegría y la desolación. Alegría por el trajín repentino y constante que le late en la entrepierna. Desolación por no poder encontrar un hombre que lo satisfaga.

"Todos acababan cansados de mí", dijo Thompson; menos su vecino, Adrew Carr, quien fue durante seis meses su novio y asegura que él tiene tanto gusto por el sexo como ella Por lo menos, hacen el amor hasta 10 veces al día., sin excepción "Andrew ha cambiado mi vida. Ya no me preocupa encontrar una cura para mis orgamos", declaró la mujer a un diario británico, según publica el Daily Telegraph .

“Cuando le conté por primera vez a Andrew, se rió y me dijo que él acabaría conmigo primero". Dicho y hecho: Michelle y Andrew viven en la misma calle pero en casas distintas y de vez en cuando cruzan de acera para abandonarse a los placeres del dulce meneo. "Yo podría hacerlo las 24 horas del día y él también, normalmente cruzo la calle hasta su casa para tener sexo. Y lo hacemos todo el tiempo", dice.

Un traqueteo que ha disparado la calidad de vida de Michelle, sumida en una insatisfacción eterna por culpa del trastorno. Y no sólo en el plano personal sino también en su puesto de trabajo: tuvo que dejar su empleo en una fábrica de galletas porque el ruido de las máquinas le provocaba orgasmos continuos.

Andrew es el primer hombre que está a la altura del reto de Michelle. Y no porque ella no se haya detenido a buscar. Por su cama han pasado muchos hombres. El primero aguantó sólo unos meses, incapaz de seguirle el paso. Hubo uno que aguantó cinco años pero también tiró la toalla. "Cuando rompimos, estaba exhausto, era un hombre derrotado", dice ella.

Nada que ver con Andrew, que trabaja como limpiador en una empresa cercana a Nelson, la pedanía del condado de Lancaster donde residen los dos. Antes, Michelle buscaba una cura para sus orgasmos. Ahora no. Dice que le basta con Andrew.

Thompson conoció a Andrew en mayo de este año. Él es divorciado y oriundo de su localidad, Lancashire, en Inglaterra.

"Ahora amo la vida de verdad, estamos planeando mudarnos a una casa juntos y lo haremos en cuanto podamos permitírnoslo. He estado buscando alguien como Andrew durante mucho tiempo y ahora me siento como si estuviera en el cielo", cuenta Michelle.


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