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Revelan un plan de envenenamiento nazi para los aliados tras la guerra

Según documentos difundidos por el Mi5 británico, los nazis perpetraban la llegada de un cuarto Reich a través de un plan de envenenamiento y sabotaje de los aliados.
lunes, 04 de abril de 2011 · 00:00
Los nazis planeaban una campaña de envenenamiento y sabotaje que tenía por objetivo los países aliados y sus poblaciones en el mundo, con el fin de concretar el Cuarto Reich. Así lo informaron documentos hasta ahora secretos del Mi5 británico.

Píldoras tóxicas con aspecto de aspirinas, cigarrillos que traían dolor de cabeza, veneno y armas secretas eran parte del plan tramado por los agentes alemanes, cuyo grado de ingenio es destacado en los mencionados documentos.

Los nazis planeaban además colocar agentes en todo el mundo con el objetivo de sembrar el terror y extender el dominio del régimen, a fin de consolidar el Cuarto Reich.

Olivier Morderelle, líder del movimiento separatista de la Bretaña francesa reveló tras ser detenido en 1945 que los alemanes "habían transferido cuantiosos fondos a Sudamérica" y se había enviado "gente de confianza a España y Suiza".

Morderelle fue uno de los quince delegados de países de Europa Occidental que formaron parte de una reunión secreta en Deisenhofen, en 1945, en la cual se debatieron los planes de resistencia del régimen una vez acabada la Guerra.

Según indican los documentos británicos, Morderelle reveló que "el objetivo principal fue dificultar en la medida de lo posible el trabajo de los aliados" a fin de que los nazis pudieran luego de un tiempo "reaparecer bajo un nuevo disfraz".

Los militares británicos eran conscientes del peligro de envenenamiento en aquel entonces, por eso recomendaron a sus tropas no consumir alimentos o cigarrillos durante su avance en territorio alemán.

Las "armas" de los nazis consistían en cigarrillos que daban dolor de cabeza al fumador, para luego ofrecerle una aspirina que en realidad contenía veneno. También una píldora que se depositaba en los ceniceros y, en contacto con el fuego del cigarrillo despedía un vapor letar para todo el que lo aspirara.

Asimismo, llevaban polvos venenosos para impregnar manijas de puertas, libros, mesas y cualquier superficie, como parte de una posible guerra bacteriológica que el régimen tenía contemplada.

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