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¿Existió un plan contra el director del Fondo?

Un amigo de Strauss Kahn había denunciado a la prensa que Sarkozy estaba conspirando en su contra, antes de su arrestro. En Francia izquierda y derecha hablan de un montaje
martes, 17 de mayo de 2011 · 00:00
No sólo se atienen a la presunción de inocencia. Los políticos galos se muestran suspicaces frente al desliz de uno de sus mayores exponentes a nivel mundial y el político mejor posicionado de cara a las presidenciales de 2012.

Cabe decir que no es la primera vez que Strauss-Kahn se enreda en una pollera, pero la reacción frente a este nuevo escándalo (más grave que el de 2008, cuando sólo fue acusado de una relación impropia y el asunto no pasó de una investigación interna en el FMI por eventual acoso y abuso de poder) fue de incredulidad y de desconfianza: la sospecha, si no de un "complot" al menos de una "manipulación", surgió de inmediato.

Para Jean-Marie Le Guen, diputado socialista por París, no hay dudas: una campaña de ataques contra DSK, como llaman en Francia a Dominique Strauss-Kahn, estaba siendo orquestada desde el palacio del Eliseo. Lo denunció públicamente el sábado, casi como una premonición, un día antes del incidente en el que se vio involucrado su camarada y que puede costarle la carrera.

La acusación de Le Guen había sido motivada por una serie de artículos en la prensa referidos a un supuesto tren de vida lujoso del director del Fondo Monetario Internacional, algo que en Francia es muy mal visto por parte de un político, del que la república espera una actitud austera y contenida, no en lo que concierne a las mujeres, sino en materia de consumo suntuario (ver nota relacionada).

Una fotografía de Strauss Kahn entrando a un Porsche Panamera S -cuyo valor es de 100 mil euros- fue el detonante de lo que Le Guen denunció a la cadena Europe 1 como "una campaña totalmente estructurada, organizada, que por otra parte fue anunciada por Sarkozy y los de su entorno, que quieren atacar a DSK por su personalidad".

Cabe decir que la derecha se regodeó con el caso del auto de lujo: por fin, los socialistas tenían un dirigente ostentoso, con veleidades de nuevo rico, como el actual presidente Nicolas Sarkozy, blanco de críticas por esta tendencia, exhibida desde el comienzo de su mandato.

Surgieron a continuación acusaciones -luego desmentidas- acerca de que Strauss-Kahn vestía trajes diseñados por un sastre de lujo en Washington, que sería también el del presidente estadounidense Barack Obama. Más aún, el director del Fondo había instruido a sus abogados para iniciar acciones legales contra el diario France Soir "por la publicación de falsas informaciones relativas a su tren de vida".

"Sus trajes son totalmente normales, y las alegaciones propagadas ahora de forma regular por cierta prensa son simplemente fabulaciones y ahora también, difamaciones", dijo Le Guen.

El arresto de DSK el domingo en Nueva York encontró por lo tanto a Francia enfrascada en la discusión sobre si es ético o no que sus dirigentes tengan un comportamiento ostentoso y, aunque no hubo dudas sobre el origen de su patrimonio, sí surgieron reproches al "descuido" de un dirigente que aspira a la presidencia, cuando uno de los valores republicanos más apreciados en el país es la austeridad de los políticos.

Pero no debe pensarse que la teoría del complot fue esgrimida sólo por los amigos de DSK. La primera en exponer la tesis conspirativa no fue una personalidad de izquierda, sino de derecha: la presidente del Partido Demócrata Cristiano, Christine Boutin: "Probablemente le tendieron una trampa a Dominique Strauss-Kahn, y él cayó en ella". A la pregunta de quién pudo hacerlo, respondió: "Puede venir del Fondo, de la derecha o de la izquierda francesas".

Dominique Paillé, asesor de Jean-Louis Borloo, presidente del Partido Radical y miembro del gabinete de Sarkozy hasta noviembre de 2010, dijo que alguien puso "una cáscara de banana" en el camino de un hombre cuya "vulnerabilidad" en materia de mujeres es bien conocida.

Y Henri de Raincourt, ministro de la Cooperación, aseguró que "no se puede no pensar en una trampa". De la misma opinión fue el muy prestigioso ensayista Jac