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La terrible y perturbadora historia del hombre con dos caras

Edward Mordrake fue un burgués inglés afectado con este mal.
viernes, 22 de mayo de 2015 · 00:00
ESPECIAL.- Edward Mordrake fue un burgués inglés afectado con un problema congénito llamado diprosopia.

Su posición, la extraordinaria situación de su malformación y los testimonios posteriores a su dramática muerte fueron un cóctel perfecto para crear una leyenda que empaña una condición médica de especial relevancia y casi única.

Edward nación en el siglo XIX, en una fecha imprecisa. Sabemos con bastante seguridad que era hijo de la condesa de Darlington, en Inglaterra.

Probablemente esta situación privilegiada unida a su condición física le granjeó el odio y desprecio de la comunidad. Porque Edward Mordrake tenía en realidad dos rostros: uno completamente sano y otro en el cuello, casi en la parte posterior, atrofiado. Pero funcional, según cuentan, lo que resulta mucho más inquietante. Si hacemos caso a los informes escritos sobre Mordrake, el rostro posterior, de menor tamaño, era estrábico y algo deformado, pero se movía.

Tenía capacidad de sonreír y hacer pucheros independientemente del otro rostro de Edward Mordrake. Menos creíble, aunque también posible, es que siguiera con la mirada. Según cuenta la leyenda, el propio Edward Mordrake solicitó que se la extirpasen pues le susurraba cosas “salidas del infierno”.

Esto también parece una exageración engordada por los cuentacuentos ocasionales.

Pero lo que sí es cierto es que con 23 años, sumido en una profunda depresión, Edward Mordrake se quitó la vida ahorcándose en el balcón de un piso que había alquilado. Este hecho solo consiguió alimentar la macabra leyenda del segundo rostro de Mordrake. Aunque probablemente al depresión a la que estaba sometido se debiera al rechazo popular, su condición extraordinaria y, quién sabe si no a cuestiones fisiológicas.

Sobre el otro rostro de Mordrake, nunca sabremos hasta que punto era funcional, aunque es bastante posible que tuviese nervios y músculos que le permitiesen hacer movimiento vagos e imprescisos. Es más, puede incluso que el pobre Mordrake estuviese afectado por tics y movimientos espásmicos debidos al rostro secundario.

Pero de ahí a que el otro rostro pudiera ver, oír o sentir hay muchísimo trecho. Al fin y al cabo, era el mismo Edward Mordrake, y no otra persona encerrada en el cuerpo del joven. (Especial Minuto Neuquén)

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