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Sobrevivió a la tragedia de los Andes y ahora la ciencia revela por qué

"Nando" Parrado se fracturó el cráneo y, según un estudio, eso lo salvó: superó una inflamación en el cerebro y de ese modo evitó la muerte.
sábado, 19 de diciembre de 2009 · 00:00
Fernando "Nando" Parrado fue uno de los 16 sobrevivientes de una de las tragedias más conmovedoras. Iba en el avión de la Fuerza Aérea uruguaya que cayó en la cordillera de los Andes en 1972 y quedó en coma por tres días. Lo dieron por muerto. Pero fue uno de los que pudo caminar durante diez días en las montañas y salvar al resto de sus compañeros, que se alimentaron con cadáveres.

Ahora, un estudio neurológico realizado en la Argentina consiguió explicar qué pasó en la cabeza de Parrado que le permitió llevar a cabo su increíble hazaña.El estudio fue realizado por el investigador y médico Conrado Estol, presidente de la Asociación Cerebrovascular Argentina, quien lo publicó en la revista especializada Lancet Neurology.

Este investigador se concentró en averiguar exactamente qué mecanismos hicieron posible la sobrevida de Parrado en los Andes, un accidente que se cuenta en la popular película Viven (1993). "Algunos piensan que ha sido un milagro, pero lo cierto es que este estudio demuestra que hubo una combinación de factores que le permitieron superar el mal momento", dijo Estol a Clarín. Las tres situaciones que lo "ayudaron" fueron: Parrado sufrió fracturas en el cráneo por la caída del avión, estuvo en coma, y luego sufrió hipotermia y deshidratación. "Paradójicamente, esos problemas tan dramáticos fueron los que le ayudaron a mantenerse con vida", sostiene el neurólogo.

Parrado tenía 19 años en el momento del accidente. Iba con su equipo de rugby en el avión que había partido desde Montevideo, su ciudad natal. El avión se partió por la mitad, justo por detrás de la fila donde Parrado estaba sentado. Su madre, su hermana y un amigo (que estaban sentados junto a él) murieron por causa del impacto. El sufrió fracturas en el cráneo, cuyas huellas el investigador Estol pudo comprobar al hacerle un examen en 2006. También le hizo una tomografía computada que reveló asimetrías sugestivas de un proceso de reparación. Parrado le recordó: "Cuando desperté, podía palpar mil fragmentos en mi cabeza". Esas fracturas del cráneo permitieron que la inflamación del cerebro (edema cerebral) se descomprimiera sola.

Parrado entró en coma y sus compañeros lo dieron por muerto. Lo colocaron en la entrada del fuselaje del avión y quedó expuesto al frío a 4.000 metros de altura. Al estar en ese lugar, la temperatura de su cuerpo descendió por debajo de los 36,7 grados (es decir, sufrió hipotermia). Por si fuera poco, durante los tres días que estuvo en coma, no recibió alimento ni agua y se deshidrató. Estas circunstancias hicieron que la vida de Parrado siguiera. Porque la inflamación del cerebro pudo expandirse a través de las fracturas y no lo mató. La deshidratación por la falta de agua y de alimentos y la altura limitó el crecimiento del edema cerebral. Y el frío permitió prolongar la sobrevida de las neuronas dañadas por el golpe.

Cuando despertó espontáneamente después de estar en coma, Parrado preguntó por su madre, que ya estaba muerta, y se arrastró hasta donde estaba su hermana en estado grave. "Esto demostró que no tuvo secuelas neurológicas. Su memoria y su capacidad cognitiva se conservaron en buen estado", afirmó el investigador Estol.

Después de una avalancha en la cordillera, Parrado con otros sobrevivientes intentaron varias salidas. Y fue él quien el 12 de diciembre de 1972 salió con otros dos compañeros rumbo al oeste para encontrar los valles de Chile. Pasó 10 días caminando sin mapa hasta llegar a dar con un arriero, quien ayudó para rescatar a los sobrevivientes que habían quedado en el lugar del accidente. "Hay que irse", fue la frase que guió a Parrado.

"Entonces, tuve un pensamiento poderoso como un rayo: no sé cómo ni cuándo, pero mientras esté vivo, voy a luchar por eso. Voy a atacar esas montañas con furia, voy a tratar de escalarlas, voy a buscar mi vida hasta que pueda y, como sospecho que no podré, pues moriré luchando, y cuando mi rostro pegue contra el hielo me levantaré de nuevo, hasta que lle

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