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Héctor Timerman debate con Joaquín Morales Solá

El embajador argentino en los EE.UU. escribió que el presidente de ese país está cerca de la Argentina. Una forma irónica de aludir a las quejas sobre el presunto aislamiento.
viernes, 13 de febrero de 2009 · 00:00
En un artículo en el que polemiza con el columnista Joaquín Morales Solá, el embajador argentino en los Estados Unidos, Héctor Timerman, escribió que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, está cerca de la Argentina "y de todos los países que, proscriptos por los organismos financieros internacionales y con los agravios de las derechas vernáculas, atravesamos el mismo camino".

El artículo de Timerman, editado por el semanario "Debate", se titula "Obama no llama", una forma irónica de aludir a las quejas sobre el presunto aislamiento de la Argentina respecto de la comunidad internacional.

Dice el representante argentino en un tramo de su columna: "Si el señor Morales Solá buscase información, en vez de mascullar su bronca, no habría escrito sobre el aislamiento del mundo en la semana en que Obama agradece a Cristina ’su profundo mensaje’, Rodríguez Zapatero califica a la relación con la Argentina de ’excelente’ y ’positiva’, el viceprimer ministro chino preside la delegación a la cumbre sino-argentina, y se anuncia una Reunión bilateral entre Estados Unidos y la Argentina".

"Hace unos días, dialogando en su oficina con un miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso, coincidíamos en que Estados Unidos ya no podía diferenciar a los países por su afinidad con la libertad de mercado, ya que el propio Estados Unidos estaría en la lista que habitualmente era castigada en la década del Consenso de Washington", escribe Timerman en su nota, que a continuación se reproduce textualmente: "En el centro de Jerusalén, en la esquina de King George y Yaffo, había un café donde todas las tardes se reunía un grupo de mujeres mayores a tomar el té. Solía verlas en los últimos meses de 1978, luego del histórico viaje de Anwar el Sadat a Israel.

Esas damas -vestidas con una formalidad tan lejana del Israel moderno- dedicaban horas y entusiasmo a hablar sobre la moda, la música, los libros que leían. En fin, lo que cualquier grupo de amigas se dedica a hablar cuando se juntan en torno de una mesa.

Salvo que el mundo del que hablaban había desaparecido hacía 40 años.

Estaban en un Israel apasionado por las posibilidades de paz, pero ellas seguían viviendo en la Berlín de la entreguerra.

A Joaquín Morales Solá lo imagino sentado junto a esas damas y, luego de un largo suspiro, lamentarse porque "Obama no llama".

Todas las crisis que se vinieron sucediendo en los últimos años no sirvieron para predecir el momento que vive Estados Unidos, pero ver actuar a Barack Obama sirve para entender las decisiones de otros líderes a quienes tocó lidiar con situaciones similares, aunque con la debilidad y soledad de quien vive en las periferias.

Los lectores de Morales Solá sufrieron un soponcio del que no se reponen cuando Kirchner debió romper con el FMI para aplicar un plan que, sin duda, jamás hubiese sido aprobado por el FMI. El mismo organismo que hoy se llama a silencio cuando Obama baja las tasas de interés, endeuda al Estado, aumenta los beneficios sociales, salva las fuentes de trabajo e inyecta dinero para aumentar el consumo.

¿Aprobaría el FMI el plan de estímulo de Obama? A muchos de quienes siguen habitando en ese palacio del pasado que describe Morales Solá, les costará creer que el presidente de Estados Unidos suene tan similar a muchos a quienes siguen acusando de autoritarios. Uno de ellos, flaco y desprolijo, que genera el odio de la turba fascista-cibernética que pulula entre los lectores de La Nación.

Hace unos días, Obama declaró -ante la oposición republicana a su plan de estímulo- que "la inacción terminará convirtiendo una crisis en una catástrofe", y que "la tarea de salvar y crear puestos de trabajo es más importante que cultivar el bipartidismo que había prometido traer a Washington".

Y el Washington Post, en la voz de su columnista Eugene Robinson, en vez de espantarse lo apoyó de manera explícita: "Seiscientos mi

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