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Macri huyó a la ciudad e intentará negociar con Duhalde y Alfonsín

El jefe de Gobierno intentó presentar su candidatura en la Ciudad como un aporte desinteresado al país y aseguró que el PRO “va a tener una propuesta en octubre a nivel nacional”, aunque no dio pistas de cuál sería.
domingo, 8 de mayo de 2011 · 00:00
En el centro de una explosión de colores, globos, jóvenes que cantaban, Mauricio Macri sonrió como para disimular que estaba abandonando sus aspiraciones presidenciales. El acto que le organizaron en un club de barrio de Villa Pueyrredón tenía la impronta de Jaime Durán Barba: había rock, cumbia, reggaeton, juventud y poco discurso. Fuera de esa estética quedaban los choripanes que repartían en un patio anexo, lejos de las cámaras. El jefe de Gobierno intentó presentar su decisión como un aporte desinteresado al país: “Luego de una profunda reflexión, siento que desde el mejor lugar que puedo hacer el aporte es desde la Ciudad”, resaltó el líder de PRO. También aseguró que el PRO “va a tener una propuesta en octubre a nivel nacional”, aunque en su entorno no tienen ninguna pista de cuál podría ser. Tras su fracasada convocatoria, les insistió al resto de los opositores que se unan. Y, como broche, ensayó unos pasitos con Juliana Awada al ritmo de Gilda. Como para recordar la victoria de 2007.

Dos veces amenazó con ser candidato a presidente. Dos veces se bajó. El 2011 recuerda como espejo a 2007, cuando también postergó una competencia presidencial en pos de ir por la Ciudad. En ese momento, Néstor Kirchner se ocupó de gastarlo desde su atril: “Estaba estudiando para presidente... y se fue a marzo”, dijo. Ayer lo reemplazó una pluralidad de adversarios que le facturaron a Macri la decisión de bajarse.

Sos tan fashion

Macri eligió un acto rodeado de jóvenes, en lugar de una conferencia de prensa con preguntas molestas (una podría haber sido: ¿por qué se bajó si sostiene que “el kirchnerismo está terminado”?). Nada de eso: una “fiesta partidaria” con la música a todo volumen y los jóvenes PRO saltando y bailando pogo. Fue en el club cultural y deportivo “17 de Agosto”, de Villa Pueyrredón. Desde la entrada, podían verse media docena de globos gigantes color amarillo, prenunciado la fiesta macrista.

Adentro, en la cancha de básquet donde fue el acto, otros tantos globos gigantes se distinguían entre un mar de globos multicolores, con una cara sonriente. Las chicas PRO, con remeras de turbante, pasaban repartiéndolos al igual que las remeras de color amarillo, celeste, verde y rojo.

Con una roja haciendo juego con su pelo, el ministro de Espacio Público, Diego Santilli, llegó sonriendo y se saludó con su contendiente para acompañar a Macri en la fórmula: María Eugenia Vidal, que lucía radiante con una remera amarilla. El tercero en discordia es Hernán Lombardi. El jefe de Gobierno no dio pistas ayer de a quién elegirá.

El líder de PRO había pedido que no hubiera banderas de los dirigentes, por lo que los únicos carteles eran los multicolores que ahora dicen: “Vos sos bienvenido”, pero también “Mauricio en la Ciudad”. La música empezó temprano –sonaban Los Cadillac con “Matador”– mientras en un patio servían choripanes y gaseosas a los jóvenes macristas. Muchos de clase media para arriba –la mayoría llegaron y se fueron en sus propios autos– y muchas cabelleras rubias. “Yo vivo en Parque Avellaneda y soy morocha”, se quejó de esta descripción una militante PRO de pelo planchado y ojos azules.

Desde la tarima, el legislador Fernando de Andreis pidió a los concurrentes que siguieran hacia el fondo, que hay lugar. El ministro de Salud, Jorge Lemus, miraba desde un costado con rostro adusto y la remera de colores apoyada apenas sobre la espalda. La legisladora Victoria Morales Gorleri mostraba una bufanda multicolor que hacía juego con las zapatillas de Oscar Zago. La diputada Pinky Satragno apareció con una boina negra enorme, guantes negros de terciopelo y anteojos oscuros. Se sentó lejos de la multitud y bastante cerca de Gabriela Michetti, que hizo su entrada empujada por Guillermo Montenegro y se ubicó en una platea, para resguardarse de los jóvenes que ya saltaban y hacían pogo.

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