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Los "Piratas" siguen robando el petróleo del Malvinas

La empresa Rockhopper empezó a trabajar en las islas y lo hace en un volumen superior al de yacimientos argentinos. Estaría aportando en períodos breves un volumen equivalente a 800m3 diarios.
miércoles, 29 de junio de 2011 · 00:00
Rockhopper Exploration sigue empeñada por estos días en verificar si el hallazgo de petróleo aportado por el pozo identificado como Leones Marinos (Sea Lion) en aguas de Malvinas tiene capacidad de soportar un rendimiento de crudo estabilizado en el tiempo.

Según previsiones preliminares, ese pozo que está comenzado a ser testeado podría arrojar 5.508 barriles diarios de líquidos, volumen que sería un rango atractivo como para sustentar una explotación comercial aceptable.

Claro que para atajarse de los indicios obtenidos hasta ahora en forma parcial, Rockhopper aclaró que todavía debe concretar otras perforaciones en esa zona del Mar Argentino cuyos resultados deben estar en línea con el descubrimiento preliminarmente anunciado.

Los vestigios de hidrocarburos de ese pozo marino habrían sido obtenidos en una profundidad comprendida entre los 2.379 y 2.465 metros.

Los testeos que efectúa la compañía británica en Sea Lion estarían limitados por los problemas que plantea una actividad divorciada de todo soporte de infraestructura logística, lo que encuentra en la falta de almacenaje su mayor dificultad de sustentabilidad.

De confirmarse fehacientemente las favorables perspectivas de las exploraciones del pozo Sea Lion, la Argentina podría desatar una serie de represalias que agravarían en forma ostensible la vida de la población kelper distante a 700 kilómetros del continente argentino y a más de 14.000 kilómetros de la Gran Bretaña.

Atento al millonario costo financiero emergente de haber desplazado hace poco más de un año a una plataforma exploradora como la Ocean Guardian no debe llamar la atención que Rockhopper esté esforzada en obtener mayores resultados técnicos y económicos de esa campaña perforadora, informó el diario BAE.

Las tareas de la petrolera británica fueron comentadas en una reunión efectuada ayer por el Club del Petróleo en la que el experto Eduardo Barreiro disertó sobre las perspectivas existentes en el país en materia de explotación de yacimientos de gas y crudo no convencionales, que hasta ahora existen bajo la presunción de recursos que no pueden evaluarse como reservas efectivamente disponibles.

Frente a esas tareas que Rockhopper desarrolla en una atmósfera de creciente enfrentamiento con la Argentina, ayer el ministro de Defensa, Arturo Puricelli, al hablar en la Escuela de Defensa Nacional en un seminario sobre “La relación estratégica entre América latina y China” agradeció al embajador de ese país asiático –Yin Hengmin– el apoyo brindado en la disputa de soberanía que se mantiene con Gran Bretaña.

Ese pronunciamiento, advirtió Puricelli, está fundado en los antecedentes históricos, geográficos y jurídicos de la Argentina, que China “se comprometió a mantener en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”, destacó Hengmin.

Las evaluaciones que genera el accionar de Rockhopper es asimilable a la aventura exploradora lanzada por otras compañías, como Desire Petroleum, cuyos resultados tienen en vilo a la población de esas islas en la que la dotación militar de la base de Mont Pleasent es casi similar al número de habitantes de Port Stanley.

Con una comunidad kelper embretada en ratificar su subsistencia económica y política, las pesquisas petroleras amagan activar un agravamiento de ese conflicto que se arrastra desde 1833, fecha en la que consumó el desalojo militar del gobernador Luis Vernet destacado en Malvinas por la entonces Confederación Argentina.

Ante la total falta de diálogo que predomina entre las partes en conflicto, la presidenta Cristina Fernández juzgó en fecha reciente a Gran Bretaña como una “burda potencia colonial en decadencia”. Pese al divorcio que la postura de Londres tropieza en el contexto internacional y especialmente en el ámbito regional, no cabe otra cosa que interpretar que los resultados del conflicto bélico de 1982 todavía configuran un llaga sin restañar para los político