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"Eva Perón parecía viva"

Fueron las palabras de el General Gazcón que confesó ser responsable del secuestro del cadáver de Evita.
lunes, 25 de junio de 2012 · 00:00
BUENOS AIRES.- El General de brigada, Jorge Dansey Gazcón, retirado a principios de 1970, relató por primera vez como secuestró el cadáver de Eva Perón.

El Jefe de Inteligencia del Estado Mayor del Ejército en 1960, agregado militar en Washington y subdirector a cargo de la dirección del Colegio Militar, contó que estuvo al frente del grupo comando antiperonista que, bajo sus órdenes, se llevó el cadáver de Eva desde la CGT.

El hecho ocurrió "entre el 19 y el 21 de septiembre, cerca de la medianoche, y lo hice para proteger el cuerpo contra un atentado. Nadie me lo ordenó, yo tomé la decisión al advertir que el cadáver estaba librado a su suerte", declaró a La Nación, 56 años después del suceso.

Su relato fue refrendado por Oscar Sagastume, uno de los dos comandos civiles que lo acompañó con otros dos militares.

Dansey también habló de Pedro Ara, embalsamador y custodio del cadáver en la CGT y contó por qué el anatomista no habló del tema en el libro: El caso Eva Perón, donde el español detalla sus memorias: "Ara no lo mencionó porque lo dejaba en falta, pues en su libro escribió que estuvo oficialmente encargado de conservar y custodiar el cuerpo. No estaba cuando fuimos, y si estaba, se escondió. Su ausencia me obligó a actuar”.

“La ubicación del cuerpo favorecía cualquier ataque desde la calle, y las sustancias químicas que contenía habrían favorecido su destrucción. Si Ara hubiera estado, me habría facilitado todo y quizá no habría sido necesario llevarnos el cuerpo", agregó Dansey.

"El cuerpo estaba librado a su suerte en el cajón abierto. Ni siquiera la habían llevado al segundo piso, al laboratorio de Ara. El cuerpo corría peligro. Un fósforo habría bastado para inflamar los productos químicos del cadáver", explicó el General.

Recordó que le pidió a uno de los civiles que tapara el féretro y al resto que lo subieran al camión. Atravesaron las calles con el cajón a cielo abierto porque el camión carecía de capota. "En cada esquina esperábamos un ataque de efectivos advertidos desde la CGT, pero nadie perdió la calma", expresó.

El cajón fue llevado hacia la jefatura del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), en Viamonte y Callao.

"El ataúd se subió en un ascensor, casi vertical, al quinto piso, donde estaba el despacho del jefe. Para darle la mayor de las seguridades ordené instalarlo en un cuarto que hacía de depósito de papeles, cercano al despacho de Moori Koenig, a quien recién entonces puse al tanto de lo actuado. Esa noche la pasé en su despacho. El mío estaba en el sexto piso. A partir de ese momento ya no tuve la menor intervención", explicó el General, a sus 91 años, y tras más de medio siglo de haber ocurrido el hecho.


Fuente: El Aconquija

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