Editorial exclusiva Minuto Neuquén

Desvaido final del gobierno provincial

Sobre la administración que deja el poder y los desafíos que le esperan al gobernador electo.
lunes, 30 de noviembre de 2015 · 00:00
EDITORIAL.- A diez días del final del gobierno emepenista encabezado por Jorge A. Sapag, se percibe un clima tedioso en la mayoría de los militantes, afiliados  y simpatizantes del histórico partido provincial. 

Cada vez más lejana quedó la visión de un futuro venturoso para los neuquinos que el gobernador repitiera durante su mandato en monocordes discursos donde el tema central fue siempre la energía. Ese futuro  llegaría como fruto celestial de las grandes obras e inversiones que se prometían para el corto y mediano  plazo. 

Primero fueron los rimbombantes anuncios de la represa de Chihuido,  esa obra tan mentada que despertara el entusiasmo de los habitantes, especialmente los de Quili Malal y Bajada del Agrio, hoy sumidos en el desengaño y la desesperanza por ese sueño frustrado al menos por unos cuantos años más. 

Los hechos dieron la razón a quienes afirmaban que Chihuido era una promesa del gobierno nacional utilizada para mantener a raya al gobernador exigiéndole obediencia como condición para llevar a cabo la obra y para obtener algunos de los tantos recursos que discrecionalmente se distribuían a las provincias.
 
Sapag disimuló su pragmática resignación escudándose en el lema “federalismo de coordinación” que repitió hasta el hartazgo y que solo le sirvió para lograr la confianza de algunos funcionarios nacionales pero no la de los presidentes Kirchner y Fernández de Kirchner que nunca lo consideraron uno de los suyos. 

En el 2009 el gobernador creó la empresa provincial Emprendimientos Hidroeléctricos Sociedad de Estado (EMHIDRO), al frente de la cual colocó a su hermano Elías “Gringo” Sapag. La justificación fue la necesidad de llevar adelante  proyectos  para el aprovechamiento integral de las cuencas hídricas neuquinas. Así surgió un nuevo estamento burocrático cuyo objetivo emblemático era desarrollar la ansiada represa de Chihuido. Pasaron los brasileros, los chinos y los rusos como posibles financiadores de un proyecto que nada le costaría a la provincia, según difundían Sapag y sus colaboradores. Todo ello se fue diluyendo bajo la excusa, siempre a mano para cualquier tropiezo, de la crisis internacional. Además el gobierno nacional advirtió recientemente que la conducción del proyecto era competencia del Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios a cargo del Arquitecto  Julio de Vido. Esto provocó el enojo del Ingeniero Elías Sapag quien vió frustrado su protagonismo en el megaemprendimiento.  

Más tarde apareció Vaca Muerta, el tema que concentró los esfuerzos y desvelos del gobernador. Neuquén aparecía ante el mundo como la nueva fuente de riqueza petrolera y gasífera que cubriría por muchas décadas todas las necesidades del país. Era cuestión de promover las inversiones para que en cinco años se lograra el autoabastecimiento tan anhelado y dejara de comprarse gas y combustibles a otros países por miles de millones de dólares anuales. Por ahora, la población ha recibido solamente el castigo de precios sobredimensionados expandidos a todos los rubros de la vida familiar dado el alto valor de los sueldos petroleros. Alquileres, indumentaria y alimentos, entre otros, son los que más dañan  la economía de las familias neuquinas.

Las facultades provinciales encarnadas en la empresa Gas y Petróleo  de Neuquén S.A., otra creación sapagista, se vieron también recortadas al sancionarse la nueva ley de hidrocarburos (Ley Nacional 27.007) la que sumisamente debieron acatar los gobernadores de las provincias productoras para no perder, entre otras cosas, la posibilidad de la renegociación de las deudas de esas provincias con la nación tal como lo condicionaba la presidente de la nación.

Finalmente llegó la enorme caída del precio de petróleo el que, según estimaciones, tardará muchos años en recuperarse. El anunciado gran entusiasmo de las empresas por invertir en este campo se frenó. A ello contribuyó en buena medida una gestión económica nacional  que generó gran inseguridad e incertidumbre en los inversores.

Luego de ocho años de gobierno de Jorge A. Sapag, ese andamiaje de promesas se derrumbó. Desde hace ya varios meses, el gobierno busca endeudarse para poder pagar sueldos y aguinaldos a los empleados de la administración provincial. La obra social provincial paga con atraso de varios meses a los prestadores de servicios médicos con la consiguiente alteración de los servicios.  En peor situación aún  están los proveedores del estado provincial a los que se les adeuda muchos meses esperando que la inflación vaya licuando las deudas. Ello lleva a que, si se consigue la cotización de algún producto, la misma sea tres o cuatro veces superior al valor del mercado.

Los ocho años de gobierno pasaron y la provincia sigue con los mismos problemas, o peores, de aquéllos con que la recibió Sapag. Para colmo de males, el partido provincial ha perdido las elecciones en las grandes ciudades recuperando solamente la intendencia de San Martín de los Andes. La salud, la educación y la seguridad se encuentran en crisis y no se han tomado  las mínimas medidas imprescindibles para resolver los graves problemas que presentan esos sectores.

Se escucha con frecuencia creciente que el actual es el peor momento de la historia del Movimiento Popular Neuquino. Ven al nuevo gobierno provincial como una continuidad tutelada por el gobernador saliente y pronostican un final poco feliz para dentro de cuatro años.

El gobernador electo Cr. Omar Gutiérrez, también presidente del Movimiento Popular Neuquino, tiene la responsabilidad de demostrarle a muchos críticos que puede cambiar el rumbo del gobierno, que es capaz de formar sólidos equipos de trabajo en cada área, de priorizar la gestión en el campo social para mejorar la calidad de vida de los habitantes especialmente de los más pobres y vulnerables  y de devolverle al partido provincial el poder y la mística que lo caracterizaban hasta hace unos años.

La renovación generacional, una basta experiencia en la administración pública y una destacada formación profesional parecen consolidar la esperanza de poder imaginar un gobierno mejor en donde el partido pueda recuperar la excelencia en gestión y encarar el cambio que la sociedad no sólo neuquina, sino nacional, espera y reclama. Pronto lo sabremos, por lo pronto el 10 de diciembre comenzará el desafío para Omar Gutiérrez en Neuquén.

Otras Noticias