Exclusivo - Editorial Minuto Neuquén

La trama de los recientes conflictos en el MPN

Sobre el clima de tensión desatado tras el pedido de renuncia a Lucila Crexell.
miércoles, 06 de julio de 2016 · 00:00
NEUQUÉN.- Hace tres años, cuando Guillermo Pereyra anunció su intención de candidatearse para una senaduría nacional, el entonces gobernador Jorge Sapag llenaba de elogios al sindicalista y lo distinguía en los actos de gobierno y campañas políticas otorgándole lugares de privilegio en los escenarios donde se ubicaban los principales funcionarios del gobierno y los candidatos a cargos electivos.
 
Nadie pensaba, incluído el propio Sapag,  que Pereyra insistiría por mucho tiempo  con el proyecto político que pergeñaba. 
 
Sapag, dueño hasta entonces de la autoridad indiscutida para designar funcionarios y candidatos, creía que lo convencería rápidamente para que cesara en el intento, tal vez a cambio de alguna otra posición para el propio Pereyra o sus colaboradores. Además, Ana Pechén aparecía como invencible en una eventual interna.
 
Sin embargo, Pereyra siguió adelante y cuando ya se entraba en el tramo de las definiciones, le manifestó al gobernador que iría a la interna acompañado por una mujer. Para ello  estaba conversando con  Lucila Crexell quien se manifestaba muy satisfecha con esa posibilidad.
 
Sapag trató de disuadirlo pero no lo consiguió. Muy por el contrario, a partir de esa reunión Pereyra se convenció de que Lucila era la persona que necesitaba para derrotar a Ana Pechén, la candidata oficialista, y para debilitar  el poder decisorio absoluto de Sapag.
 
Desde ese momento, más allá de expresiones circunstanciales dichas en reuniones públicas en defensa de la democracia  y de las bondades de las internas partidarias, se generó un conflicto que condujo a enfrentamientos y expresiones descalificadoras entre los adversarios.  
 
Hasta el día de la elección interna Ana Pechén estaba segura del triunfo y por ello se ordenó preparar una gran fiesta en el Espacio DUAM para festejar el triunfo. 
 
Sin embargo, ganó Pereyra ampliamente, junto con Crexell, y nació una nueva vertiente de poder en el MPN. Fue la primera vez que le torcieron el brazo a Jorge Sapag quien desde entonces estuvo condicionado por el protagonismo de Pereyra, sobre todo en el tema hidrocarburífero que era el fuerte del gobernador. Pereyra llegó a tratarlo de ignorante en esa materia.
 
Sapag advirtió tardíamente  que había aparecido un enemigo muy fuerte que lo cuestionaba abiertamente y al que él había alimentado durante mucho tiempo.  Un enemigo con dinero, capacidad de movilización de miles de personas y despojado de frenos para expresarle al gobernador críticas que nadie se hubiera atrevido jamás a formularle. 
 
En el eje Sapag-Pechén, se habló de traiciones y de vendidos y hasta se pensó en apoyar a algún candidato de otro partido para frenar el triunfo de Pereyra en la elección general.
 
Pereyra logró el objetivo de llegar al Senado Nacional con Lucila Crexell. La luz de Ana Pechén se fue apagando hasta desaparecer de la escena política y Sapag comenzó a diseñar la estrategia para asegurar, con gente de su confianza,  su sucesión en el gobierno.
 
Por su parte, Lucila Crexell vió oportunamente la posibilidad de llegar al Senado de la mano de Pereyra, venciendo la resistencia de su tío que ya le había puesto freno a otros intentos de Crexell por llegar a competir por cargos electivos (diputada provincial, diputada nacional), siendo finalmente  nombrada funcionaria en la Casa de Neuquén.
 
Pereyra utilizó a Lucila y Lucila utilizó a Pereyra. Una relación de estas características no podía ser eficaz en términos de lealtades y trabajo mancomunado. Muy pronto aparecieron las diferencias y cada uno jugó su propio partido.
 
Esas diferencias de posiciones entre los dos senadores, la denuncia de Pereyra sobre expresiones descomedidas e insultantes de la senadora respecto del gobernador y el repudio y pedido de renuncia a Crexell  por parte de los intendentes emepenistas,  muestra el grado de descomposición existente actualmente en un MPN donde hay diversos polos de poder, todos desarticulados y sin peso especifico propio para imponer un liderazgo que permita arreglar el desaguisado.
 
Muchos afiliados contemplan absortos este panorama, preocupados por la trama de diferencias, rencores y rivalidades, y  la repercusión de ello  en la elección de concejales y diputados nacionales del año próximo y en las posibilidades que le quedarán al MPN para las próximas elecciones del gobierno provincial.
 
Para muchos, si no cambia este estado de cosas, se cerrará el círculo histórico del MPN como triunfador de todas las elecciones provinciales desde la creación del partido.
 
La responsabilidad de corregir tantos errores está en la dirigencia partidaria y en el gobierno. No hay mucho tiempo para ello.
 
 
Redacción Minuto Neuquén

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