EDITORIAL EXCLUSIVA

Remiendos en el sistema de Salud de la Argentina

A continuación, el análisis del exministro de Salud de Neuquén, Horacio Lores, para entender la génesis de la red sanitaria local.
domingo, 18 de julio de 2021 · 10:57

Recientes expresiones de la vicepresidenta de la Nación acerca de la necesidad de reformar el sistema de Salud de nuestro país han generado declaraciones de funcionarios, políticos y periodistas, que tratan de interpretar el alcance de las mismas, donde abundan términos como estatización, integración, coordinación y articulación. También se mencionan como aspectos negativos de nuestro sistema de Salud la fragmentación, inequidad, desigualdad, ineficiencia y superposición de recursos.

Para entender la génesis de nuestro sistema de Salud se puede tomar como punto de partida los dos primeros gobiernos peronistas en los que se creó primero la Secretaría de Salud Pública de la Nación (1946) y luego el Ministerio de Salud Pública (1949), conducidos durante nueve años por el Dr. Ramón Carrillo. Este fue el período de mayor desarrollo de servicios públicos de toda la historia sanitaria del país, con un Estado Nacional que ejercía plenamente los roles de planificador, financiador, rector y prestador. En la Constitución Nacional de 1949, se incluyó como obligación del Estado la protección de la salud de los trabajadores, lo que constituye la primera manifestación hacia el derecho a la salud de toda la población.

La historia sanitaria regional se remonta a principios del siglo XX.

A partir del golpe militar de 1955, los servicios públicos de Salud, casi todos de dependencia nacional, comenzaron a ser transferidos a las provincias. El Ministerio de Salud de la Nación fue declinando su rol conductor y prestador del sistema y fue desprendiéndose de efectores propios quedando a su cargo los institutos nacionales, muy pocos hospitales y algunos programas nacionales.

Eran tiempos de una creciente conflictividad social en la que tuvieron un fuerte protagonismo los sindicatos que utilizaban su poder para ejercer presión sobre los sucesivos gobiernos civiles y militares, mientras el peronismo estaba proscripto. Fue en ese contexto de inestabilidad, reclamos y violencia, que el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía otorgó a los sindicatos la propiedad de las obras sociales mediante la sanción de la Ley Nacional 18.610 promulgada en 1970, buscando ganar gobernabilidad.

Esta ley fue la que cristalizó el modelo que quedó dividido en tres subsectores: público, privado y de obras sociales. Esta fragmentación se multiplicó al interior de cada subsector. El público dividido en efectores nacionales, provinciales y municipales, el privado en una gran cantidad de prestadores de distinta jerarquía y luego de financiadores (empresas de medicina prepaga) y el de obras sociales sindicales con alrededor de 300 organizaciones.

El centro de Salud regional de la provincia de Neuquén recibió su actual nombre, “Hospital Provincial Neuquén” Dr. Eduardo Castro Rendón”, en 1984. 

Los sindicatos vieron nutridas las cajas de sus obras sociales con los aportes obligatorios de los trabajadores y las contribuciones de los empleadores, con porcentajes establecidos por la ley. La mayor parte de los recursos se destinó a financiar la atención de sus afiliados contratando servicios privados lo que redundó en un gran desarrollo de este subsector.  Así se fue conformando un sistema mixto (con los sectores público, de obras sociales y privado), con escaso poder de rectoría del primero y fuerte desarrollo de los otros dos.

Los intentos por reformar integralmente este sistema mixto inequitativo e ineficiente han fracasado. En todos los casos los intereses sindicales fueron el principal escollo para ello. Puede citarse al respecto lo ocurrido con la ley 20.748/74, durante el último gobierno de Perón que creaba el Servicio Nacional Integrado de Salud (SNIS). El proyecto inicial obligaba a las provincias y al sector de obras sociales a integrarse a este sistema que sería conducido por el estado nacional. Se creaba un Fondo Financiero Sanitario Nacional para recibir y administrar los fondos nacionales, provinciales y de las obras sociales. La resistencia sindical fue de tal magnitud que el proyecto original se modificó en el Congreso de la Nación transformándose la obligación en una invitación a formar parte del mismo voluntariamente mediante convenios. También resistieron varias provincias que ya se habían hecho cargo de los hospitales transferidos por la Nación y desarrollado nuevos hospitales y los ministerios provinciales del área. Solo las provincias de La Rioja, San Luis, Chaco y Formosa adhirieron al proyecto y entraron al sistema, que no generó cambios de importancia y pronto fue desapareció.

El 27 de febrero de 1998 se aprobó la Estructura Orgánica y Funcional del Hospital Dr. Horacio Heller. 

A partir de este intento, el poder sindical bloqueó cualquier proyecto que modificara sustancialmente la recaudación y el manejo de los fondos de las obras sociales. Lo más trascendente ocurrió durante la presidencia de Carlos Menem, cuando se introdujo la desregulación de las obras sociales (Decreto 9/93 y concordantes) que permitió a los afiliados, incluyendo a su grupo familiar, cambiar de obra social transfiriendo a la elegida sus aportes y las contribuciones patronales.

Con el correr de los años las obras sociales, el subsector privado prestador y el financiador (medicina prepaga), fueron aumentando su influencia y el subsector público fue quedando relegado en diferentes magnitudes según la jurisdicción que se analice. En las grandes ciudades han surgido una gran cantidad de establecimientos privados ambulatorios y con internación. Esta capacidad instalada, incluyendo el equipamiento de moderna tecnología fue superando paulatinamente a la del sector público, estimándose que hoy este último cubre entre el 30 y 40 % de la población de país. La autoridad sanitaria no ejerce un buen nivel de rectoría para establecer la cantidad y distribución de tecnología y solo interviene en aspectos relacionados con la habilitación de los equipos e instalaciones. La alta concentración de estos equipos de diagnóstico y tratamiento en las grandes zonas urbanas induce demanda y aumenta los costos. Al mismo tiempo, se asiste a un deterioro de la atención primaria de la salud y una creciente tendencia a la especialización y superespecialización.

El Centro de Asistencia Psico-Social depende del hospital Castro Rendón y funciona en Talero 239.

En el Congreso de la Nación se han presentado numerosos proyectos tendientes a lograr que el modelo mixto integre a los tres subsectores y que se fortalezca la rectoría nacional y provincial con la participación de los diferentes actores del sistema. Pero ninguno prosperó por la resistencia a crear un fondo nacional para la salud que incluya los aportes y contribuciones que hoy reciben y administran cada una de las obras sociales, así como otros fondos que generan el atiborrado flujo financiero del sistema.

Solo han tenido un curso favorable proyectos que abordan temas particulares, entre ellos la incorporación de algunas enfermedades de baja frecuencia y alto costo al Programa Médico Obligatorio. Ningún gobierno desde 1955 hasta hoy ha podido alcanzar una reforma sustancial del sistema, anclado en los términos de la Ley18.610/70 aunque ésta haya sido derogada.

Hace pocas horas se conoció el Decreto 438 del poder ejecutivo nacional. Se trata de un nuevo remiendo que obliga a los trabajadores que cambian de rama laboral a permanecer un año en la obra social del sindicato correspondiente a su nueva ocupación, limitando de ese modo la competencia entre obras sociales y, lo que es más grave, reduciendo los derechos de los trabajadores para elegir la obra social de su preferencia y direccionar a ella sus aportes. Además, se incluye en el citado decreto una transferencia de varios millones de pesos del tesoro nacional a los sindicatos por gastos incurridos durante la pandemia.

La conclusión más evidente es que no se vislumbra ninguna acción tendiente a una reforma integral del sistema y que es muy probable que las palabras de la vicepresidenta sean una nueva expresión de deseos que pronto caiga en el olvido por inacción para concretarla o que dé lugar a nuevos parches en el irracional sistema de salud de los argentinos.

Dr. Horacio Lores

Médico Sanitarista – exministro de Salud de Neuquén.

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