Salud

Sobre el deseo sexual y el erotismo

Hay 2 millones de hombres con problemas de erección, el cual muchas veces no es más que un problema de deserotización. La Lic. Diana M. Resnicoff explica cómo podés solucionarlo.
martes, 12 de abril de 2011 · 00:00
Sabemos que con la edad, tanto en los varones como en las mujeres, disminuye la fuerza de la función sexual. Pero no sucede lo mismo con la dimensión del goce sexual generada por el crecimiento de la experiencia erótica.

Es decir: el deterioro de la vida sexual, ocurrirá o no, según el grado en que su experiencia se haya abierto al erotismo. Cuando se lo cultiva, las implicancias de la disminución de la energía sexual funcional no son significativas.

Por el contrario: crecen la capacidad de goce y la riqueza de la experiencia. ¿Qué es entonces lo que disminuye y lo que puede crecer o no, en el devenir de nuestra vida sexual? Lo que decae es la fuerza sexual como deseo acuciante, tal como se da en la adolescencia, y esto puede hacer aparecer síntomas de dificultad con la erección peneana. Pero al mismo tiempo la motivación sexual va transformándose en la afirmación de la experiencia erótica, con el crecimiento de la capacidad de comunicación y encuentro con el otro, con el crecimiento de la posibilidad de intimar.

Este aprendizaje ocurre de dos formas:

En el intimar de los cuerpos, donde aprendemos a abrir nuestra sensualidad al contacto corporal con el otro y nos encontramos más profundamente con él. Nos entretejemos y nos entrelazamos, nos sentimos fusionados por un instante, al mismo tiempo que nos sabemos uno y otro, diferentes y seducidos por la “otredad” de nuestro compañero/a.

En el intimar de la palabra y la conversación, donde aprendemos a poner en contacto lo más íntimo de cada uno con lo más íntimo del otro (los sentimientos y los pensamientos, los gustos, alegrías y dolores, goces e intensidades). Nos entrelazamos sabiendo cada vez más el uno del otro.

La penetración es un momento del encuentro, pero no es lo único que tiene valor erótico en los juegos del amor. Cuando el coito es practicado y vivido como lo único que importa, y todas las otras conductas o situaciones son casuales o instrumentales a él (por ejemplo las caricias sólo se viven como acciones que producen la erección o la generación del fluido vaginal que hacen posible la penetración), podemos decir que hubo un encuentro sexual que hasta pudo haber sido fuerte, pero no fue un encuentro erótico.

En los encuentros eróticos el coito es una de las muchas escenas significantes pero dentro de un devenir de hechos, circunstancias, conversaciones, caricias y miradas, todos significantes por sí mismos y en un grado importante.

En suma: en los encuentros eróticos, el deseo sexual y lo coital se redimensionan, se actualizan y potencian. Por esto sostengo que el deseo sexual disminuye cuando no hay un crecimiento del encuentro erótico.

Es decir: cuando por debilidad de la vivencia erótica ésta no opera como fuente de alimentación y potenciación constante del deseo

Lic. Diana M. Resnicoff Psicóloga clínica. Sexóloga clínica.

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