Sociales

'Los mapuches debemos potenciar nuestra cultura ante el turismo”

La comunidad curruhuinca desarrolla distintas estrategias para aprovechar la llegada de los visitantes. Ofrecen sus artesanías en lana, cuero y madera.
domingo, 26 de febrero de 2012 · 00:00
Cuando vendemos nuestras artesanías, especialmente las que hacemos en telar, entregamos en ellas un mensaje sobre el conocimiento mapuche. Es como una obra de arte”, describe a Tiempo Argentino Ariel Epulef, “lonco” (cabeza) de la comunidad mapuche curruhuinca. “Trabajar con el turismo nos obliga a los mapuches a potenciar la propia cultura, a interiorizarnos sobre ella para poder transmitírsela al visitante”, reflexiona.

Están asentados en 10.540 hectáreas de la ciudad neuquina de San Martín de los Andes, donde administran cinco parajes en los que viven más de 300 familias. En los últimos años, además de desarrollar actividades forestales, ganaderas y agrícolas, los miembros de esta comunidad originaria decidieron ofrecer sus artesanías al turismo, para poder aprovechar el sustento más importante que tiene esa ciudad patagónica.

“No hubo mucha elección –explica Epulef–. Estamos en una ciudad de turistas y su belleza paisajística hace que llegue mucha gente, que en muchos casos invade nuestra casa. Eso nos llevó a aceptar esta realidad y adaptarnos a nuestro modo, con artesanías en lana, cuero y madera”, detalla uno de los líderes políticos de la comunidad curruhuinca (que son elegidos y cumplen un tiempo de mandato; también existen los líderes espirituales, cuyo mando se delega dentro de la familia cuando la autoridad “pasa a otra vida”, en palabras de sus miembros).

Yanina Parra, “cona” (representante) de uno de los parajes de San Martín en los que viven los mapuches, celebra la decisión de su comunidad y dice: “Ya que viene el turismo, me parece que está bien que podamos ofrecer algo que ellos puedan comprar.” Epulef, de 41 años, agrega que “hay que generar trabajo, entonces ayuda, por ejemplo, la producción de dulces artesanales”.

Parra, quien con sus 43 años se muestra más tímida que su compañero de trabajo, subraya que los sabores de sus dulces son de frambuesa, frutillas, o michay (fruto propio de la zona), y que los precios van desde 15 pesos para arriba, “según el tamaño del frasco”. El lonco argumenta el valor de los productos con una frase concisa: “Están en base a los precios de mercado.”

Otra de las actividades que los mapuches desarrollan para el turismo en San Martín es el camping de Catritre, que es uno de los más visitados de la ciudad, pegado a una de las entradas, por la ruta de los 7 lagos, dentro del Parque Nacional Lanín. Epulef especifica: “Es una de las actividades más grandes de la comunidad. La gente suele venir porque es una playa muy limpia, a orillas del lago Lácar, con agua pura, y es propiedad ancestral de los curruhuinca.”

Según cuentan los mapuches, la mayoría de las ganancias conseguidas con el trabajo artesanal se reparten en cada familia y una parte de ese dinero se destina a las obras que determinen las autoridades de la comunidad.

Desde el municipio celebran la participación de las artesanías curruhuincas en los atractivos turísticos de la región. En 2010, fue declarado “municipio intercultural” y cada vez es mayor la voluntad de interacción.

Epulef señala que el mapuche es “parecido pero también distinto” al “huinca” (hombre blanco), y que la principal diferencia reside en la relación con la naturaleza: “Nosotros creemos que somos parte de ella, y no dueños.”

Reconoce que “hay un margen de negatividad en la convivencia con el turismo, porque a veces no es cuidadoso o no sabe cómo acercarse”, pero resalta que “el mayor porcentaje es de positividad”.

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