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¿Un culto al sexo es la génesis del Yoga?

Reciente polémica sobre el caso de un culto sexual yóguico invita a reflexionar sobre los orígenes de esta disciplina ascética indisociables del uso y transmutación de la energía sexual.
lunes, 23 de abril de 2012 · 00:00
El reciente escándalo que envuelve al fundador del Anusara Yoga, uno de los estilos de yoga que más rápido se ha popularizado en los últimos años, ha sacudido a esta disciplina que Occidente ha importado con singular éxito de la India.

El líder del Anusara, John Friend, anunció a sus seguidores hace poco más de un mes que renunciaba por un periodo indefinido de “autorreflexión, terapia y retiro personal”.

Esto ocurrió después de una serie de acusaciones por parte de algunas de sus alumnas, con las que aparentemente sostuvo relaciones sexuales y quienes manifestaron sentirse engañadas por Friend y su doble moral. Incluso este gurú occidental, fundó una especie de aquelarre wiccano al que llamó Blazing Solar Flames, compuesto solamente por él y estudiantes femeninas que representaban las labores de la suprema sacerdotisa y con las que intercalaba encuentros sexuales.

Numerosos medios estadounidenses han reportado sobre este caso enfocándose en la relación entre el yoga y el sexo y una posible tendencia en esta disciplina ascética a producir cultos sexuales o al menos propiciar conductas sexuales que son vistas como inapropiadas para lo que la sociedad espera de lo que lleva la etiqueta de “espiritual”.

Escribiendo para el New York Times, William J. Broad, autor de The Science of Yoga: The Risks and the Rewards, sostiene que la sociedad no debería de sorprenderse por la facilidad con la que el yoga produce gurús mujeriegos y conductas orgiásticas. Broad argumenta que el hatha yoga, la versión “psicofísica” del yoga de la cual parten la mayoría de las discipinas que se han popularizado en Occidente, nació de una rama del tantrismo, en la que los devotos “buscaban fusionar los aspectos masculinos y femeninos del cosmos en un estado de conciencia extática”.

Desde nuestra perspectiva Occidental, un tanto superficial, el tantra, como término que circula en la cultura pop, es asociado casi siempre con el sexo. Según Broad, el hatha se originó como una forma de acelerar los procesos tántricos, usando “posturas, respiración profunda y actos estimulantes —incluyendo relaciones sexuales— para incrementar el rapto místico” (tal vez el secreto de la popularidad del yoga en Occidente es que apela a nuestra sexualidad reprimida de una manera sutil pero posiblemente liberadora).

Ahora bien el hecho de que el yoga (“el yunque que une”) sea una disciplina o un conjunto de conocimientos orientados a fusionar los opuestos, la energía masculina con la femenina y demás polaridades energéticas, no debería de soprender ni alarmar a nadie —de hecho, que no tuviera en su preceptos más profundos esta noción y este intento, eso sí, debería de alejar a sus practicantes (lo sexual también es espiritual).

Toda disciplina ascética, toda escuela mística e incluso toda religión en su origen y espíritu contemplan de manera primordial a la energía sexual como parte de sus enseñanzas. Si bien la sociedad moderna hasta últimas fechas reconoce que el sexo es parte fundamental de la salud humana, esto debió de ser evidente para cualquier tradición mística: lo que distingue a una disciplina esotérica es su capacidad de penetrar lo que yace oculto para una conciencia ordinaria.

Hoy en día no se necesita ser un destacado yogui para descubir que nuestra felicidad y nuestra salud están en buena medida determinadas por el manejo apropiado de la energía sexual y que el mismo mundo en el que vivimos está cargado de y es dirigido en muchos aspectos por esta energía vital creativa. Lo que para muchos hoy sería una virtud, hace algunos años seguramente era percibido como una naturaleza viciosa e indeseable.

Por lo tanto, para ajustarse a la moral imperante de principios del siglo XX, los fundadores del yoga moderno trabajaron para remover “el estigma tántrico” y buscaron “sanitizar la disciplina” y dejaron atrás el énfasis en el erotismo para dar lugar a la salud y el fitness (así han irrumpido las fuerzas del eros a su aceptación

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