Sociedad

Cristina reivindicó la lucha por recuperar los nietos que faltan

La presidenta destacó a la Argentina como un “modelo” en la defensa de los Derechos Humanos.
jueves, 15 de septiembre de 2011 · 00:00
Fue un aplauso extenso, cargado de emoción. Y Cristina Fernández debió esperar algunos minutos para iniciar su discurso. El salón del moderno edificio donde funciona la sede de la Unesco, construido en la parisina Plaza de Fontenoy, apenas a dos cuadras de la Torre Eiffel, estaba repleto. La presidenta agradeció en nombre de la Argentina la entrega del premio al Fomento a la Paz que ayer recibió Estela de Carlotto por las Abuelas de Plaza de Mayo y consideró la distinción como una marca de la “superación de un momento muy trágico y muy doloroso” que el país atravesó durante la última dictadura.

“La Argentina necesita de la memoria, necesita de la verdad, necesita de la justicia para dar vuelta esa página dolorosa. Queremos recuperar a los nietos que nos faltan todavía y queremos que, finalmente, se termine dando justicia a todos aquellos que la han reclamado”, subrayó.

En una misma línea, sobre el escenario central, escuchaban Carlotto, a quien Cristina se dirigió en forma personal en varias oportunidades como símbolo del diálogo con las Abuelas; la directora general de la Unesco, Irina Bokova; y funcionarios de diferentes naciones que participaron del encuentro para distinguir a la organización de Derechos Humanos con el mismo galardón que ya recibieron Nelson Mandela, Jimmy Carter, Shimon Peres y Lula Da Silva.

La mandataria subrayó que asistía al acto en su “doble condición” de presidenta y ciudadana argentina. “Estoy segura de estar representado a millones de compatriotas que ven en nuestras Abuelas de Plaza de Mayo y en la figura de Estela, la superación de un momento trágico”, insistió. De inmediato, reivindicó a la Argentina como “un modelo de lo que debe ser un Estado de Derecho respetuoso de la vigencia de los Derechos Humanos en forma irrestricta”, y dedicó un párrafo de especial recordación a la gestión de su antecesor –“mi compañero de vida y militancia”, lo definió–, Néstor Kirchner. “Fue una figura decisiva para vencer y derrumbar el muro de la impunidad”, justificó. La anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final apareció como eje argumental, aunque la presidenta sumó a esa mención al resto de las fuerzas políticas que respaldaron esa iniciativa, posteriormente refrendada por la Corte Suprema de Justicia, en el Congreso Nacional.

La presidenta recurrió a una figura que suele utilizar cada vez que elogia los más de 30 años de lucha de las Abuelas: el ejercicio imaginario de ponerse en la piel de las mujeres, hoy de pelo blanco, que integran la entidad. “Si me hubieran arrebatado un hijo y no lo hubiera podido ni siquiera llorar o llevar una flor a su tumba, no sé si hubiera tenido la entereza y la fortaleza para reclamar justicia, memoria y verdad en el tono y en la forma en la que estas mujeres lo hicieron. Lo que las torna ejemplares es que no reclamaban venganza, sino justicia”, afirmó.

Los aplausos volvieron a estallar, en especial desde los asientos que ocupaban varios de los 105 nietos recuperados que también viajaron a París para acompañar a las Abuelas. Cristina mencionó a algunos con su nombre de pila. Antes había señalado que muchos eran amigos de su hijo mayor, Máximo. “Desde aquí los veo, a Victoria, a Horacito, a Juan, a Francisco”, dijo sobre el final. Tras el discurso, dio un apretón de manos a cada funcionario hasta llegar a la silla que ocupaba Carlotto. Emocionadas, se saludaron con un cálido abrazo.

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