Sociedad - Por Tiempo Argentino

Quiénes se benefician y quiénes se perjudican con la tarjeta SUBE

La trama oculta del cambio de paradigma en los subsidios al transporte público de pasajeros. Las empresas que más dinero recibieron y las trampas para aumentar la facturación. El papel del Movimiento Evita detrás de la medida.
domingo, 5 de febrero de 2012 · 00:00
A pesar de la resistencia de compañías más acostumbradas a los subsidios millonarios que a las inversiones, y de la paranoia agitada por la prensa hegemónica, la implementación del Sistema Único de Boleto Electrónico (SUBE) no sólo es una muy buena noticia para los millones de pasajeros que a diario usan los colectivos, trenes y subterráneos del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).

También significa la clave para mejorar –y mucho– el control sobre los enormes recursos con que el Estado subsidia las dos terceras partes del precio del boleto. Revisar este esquema, donde las empresas lucran más con los fondos públicos que con el servicio que brindan, era algo largamente solicitado por los mismos diarios, canales de televisión y programas de radio que en las últimas semanas emprendieron una verdadera campaña de demonización contra el SUBE, reduciéndolo al malhumor de los usuarios en las filas para obtener la tarjeta magnética.

Por citar un ejemplo, Metrovías SA, que gestiona el subte, el premetro y la línea de trenes Urquiza, obtuvo en 2011 una subvención de $ 826,8 millones, lo que significó un crecimiento del 2650% con respecto a lo que recibía en 2003. En el mismo lapso, estos fondos pasaron de representar una pequeña parte de sus ingresos a convertirse en la fuente principal. En el caso de los colectivos, la ONG CIPPEC informó que mientras en 2002 este dinero cubría el 7% de sus ganancias, hoy llega al 77 por ciento.

En lo inmediato, el plástico deja en el pasado la faena de conseguir monedas y es la herramienta con que el gobierno nacional busca pasar de los subsidios indirectos a los directos, es decir, los que van, sin intermediarios, al bolsillo de quien los necesita, como ya sucede con la Asignación Universal por Hijo. Y aquí está una de las claves, no reconocida por el empresariado, beneficiario directo de los miles de millones pagados por todos: el cambio de paradigma permitirá acabar con las “avivadas”, especialmente en el sector de los micros, que venían sacándole el jugo al elefante blanco de los subsidios, un esquema nacido y pensado para otro momento de la Argentina, que con el correr de los años creció de manera exponencial, desordenada y con mecanismos de control deficitarios.

Entre otras reparaciones, la tarjeta sacará a la luz un dato fundamental: cuántas personas son las que viajan en el AMBA, ya que hasta el momento sólo existe el número de pasajes vendidos, 6,4 millones por día, y esto siempre según lo que acusan las empresas. En parte, a la sombra de esa cifra desconocida es que prosperaron los negocios negros del sector. Las ONG y especialistas consultados por este diario aseguraron que la puesta en marcha del SUBE revelará esta variable esencial para sincerar los subsidios. Y este es otro de los ejes de la problemática silenciada por los favorecidos del esquema actual, oculto para la gran mayoría de los usuarios.

Entre 2003 y enero de este año, el dinero destinado por este concepto a los ferrocarriles y el subterráneo superó los $ 4000 millones. Pero la porción más grande se la llevó el autotransporte de pasajeros, que acapara el 70% de los recursos. Sólo entre 2010 y 2011, recibieron casi $ 19 mil millones, y si el cálculo se remonta a junio de 2002, cuando se concretó el primer pago, la cifra histórica rebaza los $ 32 mil millones, según las planillas de la Unidad de Coordinación de Fideicomisos de Infraestructura (UCOFIN). Eso sin tener en cuenta otros beneficios de los que también se hace cargo el Estado, como las Compensaciones Complementarias Provinciales, el Régimen de Compensaciones Complementarias (RCC) y, la más abultada, el precio diferencial al gasoil.

Esto explica que, junto a la cruzada de los grupos Clarín y La Nación, en la oposición al SUBE se mezcle la desazón de un puñado de corporaciones que ven en la tarjeta el fin de sus negocios non sanctos con dinero público.

Hasta ahora, las partidas eran asignadas en función de las declaraciones juradas que presentaban las p