Turismo

Jamaica, isla para ser feliz

Atractivos y contradicciones en una isla de célebre mística natural y también de resorts todo incluido, similares a los de casi todo el Caribe. mirá las fotos!.
viernes, 23 de julio de 2010 · 00:00
A esta altura, el nombre Jamaica se asocia casi inevitablemente con la figura de Bob Marley, el reggae, los rastas, sus rituales y los colores que los identifican: colorado, verde y amarillo. Pero nada de esto es demasiado evidente al aterrizar en el aeropuerto internacional de Sangster, el más grande del país, sobre la costa noroeste de la isla.

Allí, al pasar el trámite de Migraciones, el comité de bienvenida es más bien una serie de representantes de los hoteles más importantes, que invitan a los huéspedes (reales o potenciales) con un trago, una copa de champagne o simplemente un agua mineral, para apaciguar los casi 40°C que se sienten a la sombra en esta isla tropical bañada por el Caribe.

A pocos minutos del aeropuerto se encuentra Montego Bay, cuarta ciudad en población de la isla, con alrededor de 120.000 habitantes. Es, además, la capital de la llamada Jamerica, la Jamaica turística, la de los grandes resorts altamente frecuentados por viajeros norteamericanos. Alguno podría sospechar que el nombre Montego significa hotel en alguna lengua perdida; pero no, viene del castellano y su origen se debe a que en el pasado la zona era una gran productora de manteca.

El camino costero que lleva hasta el Iberostar Rose Hall, hotel de Montego Bay, está al pie de las Blue Mountains, cadena montañosa que domina la isla. Y da una buena oportunidad de observar, en las colinas que bajan al mar, grupos de casas humildes pero dignas, de madera y, ahora sí, pintadas con los infaltables tonos verdes, colorados y amarillos, con una galería característica que las protege de las lluvias.

El resort, en cambio, es cualquier cosa menos precario y se parece a sitios similares en otros destinos hiperturísticos: en la zona de Rose Hall, en una antigua plantación de azúcar, fue abierto hace poco más de un año y se destaca por sus dimensiones, cientos de habitaciones, una pileta del tamaño de un lago, discoteca, máquinas tragamonedas y demás amenidades.

Por la noche, en el auditorio se presenta un show que recorre la riquísima historia de la música jamaiquina. El elenco de bailarines arma números musicales, desde las danzas de los arahuacos y taínos (primeros habitantes de la isla, llegados a Jamaica entre el 1000 y el 400 a.C.) hasta danzas que recuerdan la dominación española, y ritmos de influencia africana en el siglo XX, como los internacionalmente conocidos ska y reggae. Cuando el público empieza a entrar en la vibración jamaiquina, los mismos artistas reaparecen para invitar a todo el mundo a pasar a la discoteca donde suenan, entre otros, Shakira y Madonna. Nada de Bob Marley ni de reggae.

Pileta y arena

Curiosamente, en estos resorts, que funcionan bajo la modalidad todo incluido, los turistas norteamericanos prefieren pasar el tiempo junto a las piletas antes que disfrutar de las playas. Lo cual deja largas extensiones de arena blanca frente a las cálidas aguas turquesa del mar Caribe para quien las sepa apreciar.
Estas playas, por cierto, son públicas. Sin embargo, de hecho están privatizadas por las decenas de resorts que se alinean sobre las costas de la isla. La mayoría tiene incluso rejas que impiden el paso de los lugareños y los vendedores ambulantes están prohibidos. Lo que no impide que algunos se las ingenien para ofrecer su mercancía, como Enoch, un rastafari de largos dreadlocks en el pelo que pasa en canoa a diez metros de la costa y ofrece collares de piedras de coral y caracoles, y máscaras de madera a 15 dólares. Una pareja de mieleros, acaso con cierto síndrome de abstinencia de shopping, no duda en comprarle algunos souvenirs. El cerrado patois (dialecto jamaiquino) de los rastas nunca es obstáculo para cerrar una transacción.
Enoch es una excepción. El panorama general es el mar y las reposeras casi desiertos, y la barra de la pileta, bien concurrida, y proveyendo cantidad de daiquiris y big bamboos (preparados con el excelente ron de la isla).
Pero no es cuesti

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