Avistajes marinos

Turismo de Gigantes

Desde Península de Valdés hasta Brasil todas las opciones para disfrutar de estas criaturas marinas imponentes. Datos y fotos.
lunes, 11 de julio de 2011 · 00:00
Poder ver a unode los animales más grandes del mundo, es algo imponente y único. Nuestro país también es cuna de esta posibilidad y Península Valdés es el escenario privilegiado. Pero hay otras opciones a la hora de este tipo de viajes. En esta nota te las detallamos.

LA PENINSULA EN CHUBUT

Península Valdés, tiene todo listo para recibir a los valientes dispuestos a embarcarse. La estación invernal es objeto de duda frecuente: ¿conviene o no elegirla para el avistaje? Algo de gusto personal puede condicionar la respuesta, pero lo cierto es que el invierno es menos ventoso que la primavera, y el frío se combate simplemente con buen abrigo: en cuanto a cantidad de animales, abundan. No se trata de algunos ejemplares aislados acá y allá; las ballenas francas australes son una presencia constante frente a las costas de la Península Valdés y de la propia Puerto Madryn.

Es oportuno rememorar que Puerto Pirámides, ese pueblito que a pesar de los años transcurridos sigue teniendo aspecto de pionero, es el único sitio autorizado para embarcarse en busca del “avistaje garantizado” tan deseado por los turistas. Son seis los operadores autorizados para una actividad que está bien regulada, con intenciones de limitar la presión sobre los animales: en la proa de las lanchas y catamaranes los guías subrayan que jamás se contradice el “ánimo” de los cetáceos; es decir que la embarcación no tardará en alejarse si la ballena no se muestra receptiva a la interacción con los visitantes. Bastará con enfilar hacia otro grupo que sí esté dispuesto a acercarse.

Obviamente, la visita a la Península no se queda en las ballenas, por eso es conveniente dejar bien temprano Madryn o Trelew, los sitios más habituales donde alojarse, y aprovechar el día. Puerto Pirámides es muy chico y en invierno no invita a quedarse disfrutando de las playas, como sucede a partir de los mejores días de octubre, pero después del avistaje es un excelente punto de partida para recorrer el resto de la Península. Imposible salir decepcionado de este increíble “show a cielo abierto” que permite observar lobos y elefantes marinos cerca del Faro de Punta Delgada (donde también hay un puñado de camas para alojarse) o bien ir hasta Punta Norte, el apostadero de elefantes marinos más distante, con una espectacular vista sobreelevada sobre las aguas del Atlántico Sur.

¿Y las orcas? Nunca se sabe. Hasta los habitués de la región admiten que son difíciles de ver, pero no imposibles: de pronto el mar puede deparar la sorpresa, y allí aparecen ellas con sus lomos blancos y negros acercándose peligrosamente a la orilla. En todo caso, durante la visita a la Península en invierno hay que conservar cierto timing, ya que anochece relativamente temprano para la cantidad de kilómetros que hay que recorrer, y no existen paradores que permitan hacer un alto improvisado. Este es territorio de guanacos, de choiques y de maras, más fáciles de ver por aquí que la gente.

PUERTO MADRYN

Para aquellos que no quieran ir hasta la Península Valdés para embarcarse tienen una opción de avistaje de ballenas muy cerca de Puerto Madryn. En realidad, tan cerca que ni siquiera hace falta moverse de la ciudad: desde la playa misma y desde el muelle, así como desde el restaurante situado sobre las viejas cuevas que sirvieron de refugio a los primeros galeses, se ven por doquier los lomos negros y los chorros en “V” que caracterizan a la especie. Y no sólo se las ve, ya que también se las escucha, con un bramido sordo que las hace inconfundibles. Desde las habitaciones de los hoteles que dan sobre la costa, los oídos atentos también las escuchan con facilidad, y bien temprano por la mañana son el mejor despertador natural de la región.
Sin embargo, hay otro lugar perfecto para el avistaje costero, a sólo 17 kilómetros de Puerto Madryn. Para muchos residentes, es el mejor sitio para irse simplemente a pasar el día al borde de la costa y cansarse literalmente de v

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