Turismo - En Colombia

Isla San Andrés: Combinación perfecta entre naturaleza y diversión

Un oasis de lindas playas, mucha diversión y un pueblo cálido podés descubrir en la isla de San Andrés, a hora y media de vuelo desde Bogotá. Datos y todas las fotos.
martes, 05 de julio de 2011 · 00:00
Llegando a San Andrés ya se puede disfrutar del mar, un mar  que los colombianos según dicen tiene siete colores. Y es verdad, su color es celeste y casi transparente. Un espectáculo para la vista. Por todos lados se ven palmeras y vegetación abundante, caribeña, generosa.

San Andrés, en Colombia, vibra al ritmo del reggae, con isleños que saludan a cada rato con un "hola, mi amigo". El clima es agradable-en San Andrés, los 30°C no pasan en ninguna época del año- y el ritmo de vida es apaciguado, todo lo que se necesita cuando uno vive en la ciudad.
 
El centro. Está lleno de enjambres de motos, ya que es su medio de transporte principal. También hay colectivos, muy viejos pero efectivos para trasladarse.
En las veredas se ven cervecerías, locales de perros calientes, restaurantes, puestos de jugo natural de guayaba, fresa, ananá, coco, salones de pool y tiendas, cientos de tiendas.
Para darle un fomento económico a la isla, en 1953 el presidente colombiano Gustavo Rojas Pinilla la convirtió en puerto libre. Por eso aquí hay varias tiendas La Riviera, las mismas que se encuentran en los Duty Free de los aeropuertos; también decenas de perfumerías, locales enormes repletos de implementos de marcas deportivas conocidas.

Naturaleza en estado puro
A lo lejos, de nuevo se ve el mar cristalino. La playa Spratt Bight está quietísima y tibia. El ritmo cadencioso del reggae suena permanentemente. Y a los viajeros se les olvida el tiempo, ni saben qué hora es.
Los isleños en su mayoría, parecen más jamaiquinos que colombianos. De hecho, la isla es como una versión más amable de Jamaica. O se parece a las cosas buenas que una se imagina de Jamaica; las playas son hermosas, la tranquilidad es una sensación intensa, y cada cervecería y local de artesanía en el centro de la ciudad están pintados de verde, amarillo, rojo y negro.
A pesar de que San Andrés es resultado de la inmigración inglesa, española, de los esclavos africanos y, claro, de los colombianos continentales, lo que más pesó en su identidad fue el desembarco del pirata galés Henry Morgan, que hacia el siglo XVII rondaba Jamaica y se encargó de trasladar de a poco la cultura antillana, con su religión, costumbres y música hasta este lugar.
Esa mezcla de razas le dio a San Andrés un espíritu propio: la cultura raizal, que se asemeja mucho a la jamaiquina. Paz, amor, igualdad. Y claro, lentitud.

Dejarse llevar
Una pila de hombres aletea al borde del camino en uno de los extremos de la isla. Tratan de llamar la atención de los turistas que se mueven en sus carritos de golf para convencerlos de que entren a visitar algunas atracciones naturales de la isla. Una de esas atracciones, explican, es el Hoyo Soplador, un géiser en la roca del que sale un chorro de mar producto de unos túneles subterráneos. Lo que suena curioso es, en realidad, un efecto que se produce sólo en ciertas temporadas y, que quede claro, no es gran cosa. Tampoco lo es la cueva del pirata Morgan, donde se supone que el personaje enterró un gran tesoro, pero los únicos que lo encuentran son los vendedores que llegan con sus collares de piedras.
Lo verdaderamente lindo es La Piscinita, una laguna natural con agua de mar, pero sin oleaje, donde se puede nadar junto a peces de colores y mirar el fondo marino mientras hace snorkel o buceo, y donde basta un pedazo de pan para quedar repentinamente rodeada de cardúmenes sorprendentes.
Las playas de San Luis y Spratt Bight -de 450 metros, agua transparente, arena blanca- son de las mejores de la isla.
Algo imperdible: las islas Acuario y Johnny Cay. Son dos excursiones que se efectúan en una lancha con chalecos salvavidas que parecen innecesarios: el mar es poco profundo y se ve el fondo.
Acuario sólo tiene dos negocios: en uno alquilan snorkel y zapatos para caminar por el mar que llega hasta las rodillas, y en el otro, bebidas, cerve

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