Turismo

Todo sobre Portugal y su belleza

Un lugar en el que la magia se mezcla con la tradición y la naturaleza. Un recorrido con los lugares más importantes y las fotos imperdibles de los lugares que sí o sí debés conocer.
martes, 17 de enero de 2012 · 00:00
En Portugal, los bellos paisajes y las ciudades entrañables, ricas en historia y cultura, gente sencilla y muy amable y una gastronomía exquisita, hacen un combo inolvidable. Desde Lisboa , esa ciudad irresistible, sosegada y melancólica, pasando por Coimbra y Porto hacia el norte, potentes y magníficas; hasta las encrespadas y fabulosas costas del Algarve en el sur, el viaje a Portugal es una verdadera fiesta para los sentidos.

Llegando a Lisboa, la primera imagen será, probablemente, la Baixa , el barrio bajo, corazón de la ciudad y el de estilo más monumental después de que el marqués de Pombal lo mandara a reconstruir tras el terrible terremoto que sufrió Portugal en 1755 y que destruyó buena parte de la capital. La primera impresión impacta: los grandes edificios con las fachadas cubiertas de azulejos, las preciosas veredas adoquinadas en blanco y negro, los tranvías circulando.

Un enorme arco conecta la céntrica rua Augusta, poblada de tiendas y barcitos, con la Plaza de Comercio, lindísima, un espacio abierto rodeado de recovas que da al río Tajo (aquí se lo llama Tejo) y que ofrece una panorámica muy bella, con ese aire romántico, antiguo y melancólico que envuelve toda la ciudad.

Hacia el otro lado del río, van apareciendo las otras plazas que terminan de conformar el centro de Lisboa: Figueira, Rossio, Restauradores, hasta la elegante Avenida da Liberdade, poblada de hoteles y embajadas, que conecta con la Plaza Marques de Pombal y luego con Saldanha, barrio moderno, residencial y de negocios.

Toda la Baixa refleja el esplendor del antiguo imperio, cuando las naves portuguesas se lanzaban al mar a conquistar el mundo. La Lisboa inolvidable, sin embargo, está más arriba, a ambos lados de la Baixa.
 
Hacia un costado se despliega Alfama , seductora y misteriosa, la zona más antigua de la capital, con sus resabios hebreos y moriscos. Es el barrio del fado (la música popular más genuina de Portugal) y la nostalgia, con sus angostas callejuelas y los balcones que estallan de geranios y ropa tendida. La mejor manera de llegar a Alfama es tomar el histórico tranvía 28 hasta el Castillo de San Jorge , el punto más alto. Desde el castillo, el barrio va bajando hacia el río en un enjambre desordenado de callejones y techos de tejas rojas, y varios miradores con unas vistas espectaculares.

De pronto, aparece de la nada un teatro romano de un siglo antes de Cristo en plena excavación. Otro poco, y un barcito minúsculo, donde se toma un café extraordinario y más allá está la Catedral –conocida como la Sé– un edificio impactante construido sobre una antigua mezquita musulmana. Y también el monasterio de San Vicente de Fora, un clásico de la arquitectura manierista, al lado del cual se instala los martes y sábados el “mercado de la ladrona”, un mercadillo de usados y otras yerbas donde se puede encontrar de todo y por donde circulan los personajes más exóticos.

Al anochecer, mientras se van encendiendo los faroles en las calles, asoma la Alfama nocturna, con sus tabernas para escuchar fados y saborear una ginjinha , el licor de cerezas típico de Lisboa, y restaurantes para degustar del placer de una cataplana de pescado que es el plato típico, un pulpo cocido, o un bacalao en sus innumerables formas de preparación. (Restaurantes A Baiuca, Río Coira).

Del otro lado de la Baixa, Lisboa vuelve a trepar hasta el Bairro Alto y Chiado , zona antigua y bohemia, y también el reducto más fashion de la ciudad porque en los últimos años se han instalado allí tiendas de marca y restaurantes de vanguardia, carísimos en relación con la media más que razonable de los precios en Portugal.

Las callejuelas adoquinadas del Bairro Alto están llenas de restaurantes, cafés, librerías y bares que anuncian sus noches de fado e incluyen el Chiado, poco más abajo caminando por el Largo do Chiado, la calle de los intelectuales y fundamental para la historia portuguesa: allí se reunía lo más granado de l

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