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La belleza y la sabiduría ancestral se unen en Machu Picchu

La ciudad sagrada de los incas, cumbre arqueológica de América y testimonio del pasado excepcional de la cultura andina. Galería de fotos imperdible!.
viernes, 20 de abril de 2012 · 00:00
En un encantador viaje por la ruta desde el poblado de Aguas Calientes se llega hasta el portal de Machu Picchu y allí uno descubre sólo lo que vendrá. Una vez allí se saca la entrada y se avanza por el sendero siguiendo la flechita. La gran ciudadela inca nunca estuvo perdida sino camuflada por la selva; los lugareños siempre supieron sobre su existencia.

Cuando el norteamericano Hiram Bingham se topó con ella en 1911, la encontró habitada por dos familias aborígenes –los Recharte y los Alvarez– que vivían allí como guardianes centenarios, cultivando en las terrazas incas y bebiendo el agua de las acequias de piedra talladas por sus antepasados.

Una irregular escalinata cincelada hace casi 600 años sube peldaño a peldaño una ladera hacia la ciudad mítica, mientras la ansiedad se vuelve insoportable. Por fin, al atravesar una oscura galería, detrás de un simple muro de piedra con una abertura donde cabe un hombre, el mito se hace realidad y aparece la legendaria Machu Picchu en su máximo esplendor. Desde lo alto se la abarca completa de una sola mirada, con sus aires de fortaleza celestial. “Veía a América entera desde las alturas de Machu Picchu”, escribió Pablo Neruda.

LABERINTO DE GRANITO

Como consigna Página 12, a ciudad sagrada es una sucesión de construcciones con terminación triangular, plazas con forma de rectángulo donde pastan dóciles llamas, vanos trapezoidales, terrazas escalonadas, calles interiores y palacios. Entre los edificios están el Gran Templo del Inca, la Tumba de la Realeza y centenares de casas en diferentes barrios separados por clase social. Todo englobado en un gran laberinto de granito, interconectado por infinidad de empinadas escaleras y calzadas que suben y bajan entrecruzándose por los distintos niveles de la ciudadela. Y una escalinata que surge como una prolongación del complejo sube con 700 vertiginosos peldaños por el filo de una montaña hasta el Templo de la Luna, en el cerro Huayna Picchu.

A nuestro alrededor hay millares de piedras encastradas milimétricamente por una suerte de mano invisible de los dioses, como si las divinidades se hubieran retirado a los confines de la vecina Amazonia dejando como prueba de su existencia estas prodigiosas ruinas levitando en el cielo. Es la Machu Picchu de la foto, envuelta en nubes, entre picos con forma de joroba acechados por la selva, apretujada entre dos precipicios de 500 metros y haciendo equilibro sobre un angosto istmo que une dos montañas a media altura.

EL MITO DEL ORIGEN

El origen mitológico del Cusco se remonta a la emigración de los legendarios Manco Cápac y Mama Ocllo, quienes habrían brotado de un capullo en el lago Titicaca. En las maravillosas crónicas del Inca Garcilaso de la Vega y los dibujos de Guamán Poma de Ayala se refleja la cotidianidad del mundo prehispánico. El presente de la cercana ciudad de Cusco, punto de partida hacia Machu Picchu, se capta caminando por sus callecitas, donde algo en el aire sugiere la presencia del mito. Y a su vez genera sensaciones encontradas.

Porque se percibe la vieja tensión entre las culturas superpuestas, la fuerza de algo que está latente bajo los adoquines españoles que taparon las lajas incas, o en los cimientos de piedra no del todo ocultos que sostienen las iglesias católicas que fueron templos del sol. Desde lo simbólico, la piedra de esa arquitectura testimonia el aniquilamiento de un imperio que también había sido cruel. Pero por las calles no circulan fantasmas sino la continuación viva de una cultura sincrética y en constante cambio, que se reacomoda a los tiempos lo mejor que puede, reafirmando una identidad a veces en conflicto consigo misma. Lo interesante más allá de la postal es que eso se ve todo el tiempo y en eso radica la cuota extra de este viaje a la raíz profunda de la América andina.

EL REDESCUBRIMIENTO

Desde las alturas de Machu Picchu uno se pregun

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