Turismo

Nueva Zelanda, adrenalina y belleza en Oceanía

Este país reúne los servicios de primer nivel con las bellezas naturales más atractivas. Y, en gran medida, por eso se cuenta entre los destinos más seductores del planeta. Galería de fotos!.
sábado, 20 de abril de 2013 · 00:00

Si cuando los extranjeros llegan a la Argentina buscan las bellezas naturales y los sitios poco explorados, cuando los argentinos viajan al exterior es el nivel de los servicios lo que los atrae y llama la atención. Seguramente, un destino ideal sea entonces aquel que logre combinar esos rasgos en su justa medida. Y para sumarle perfección al asunto, a precios que sean razonables para el bolsillo local.

Afortunadamente, ese destino existe. Según consigna El Cronista, Nueva Zelanda es un blend ideal; un país tranquilo y seguro, en donde prima el orden y los servicios se equiparan a los europeos, aunque todo sea más sereno y sosegado. Desde pequeños bed & breakfast hasta hoteles de cadenas internacionales, pasando por modalidades especiales como el alquiler de motorhomes de gran calidad, las opciones son muchas, pero todas apuntan a disfrutar de lo mismo: playas paradisíacas, cataratas, montañas, nieve, ríos caudalosos y, obviamente, el bungy jumping, creación local exportada al mundo.

En Australia y Nueva Zelanda las vacaciones de verano son en los meses de diciembre y enero, de manera que programar un viaje como un impase en el año es una opción inteligente para poder elegir mejor dónde ir y qué hacer. Dos preguntas con múltiples respuestas.

Hoja de ruta

Nueva Zelanda se divide en dos islas principales: la del Norte y la del Sur. Lo ideal es poder recorrer ambas o al menos tocar sus puntos más salientes, como son Auckland, Waitomo y Rotoura en la primera, y Queenstown, Milford Sound y Christchuch, en la segunda.

Auckland y Queenstown son sin dudas las ciudades más famosas, incluso más que Wellington, la capital del país. Pero el primer lugar a donde cualquier viajero debe ir es el fiordo de Milford Sound. Ubicado en la región de Fiorland -el nombre es obvio- a 300 kilómetros de Queenstown, es una zona modelada por la acción de los glaciares que en 1986 fue reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El camino para llegar va bordeando los montes Remarkables y el Lago Mirror, hasta llegar a un sitio imponente: el Túnel Homer. En una zona en donde las montañas lo rodean todo y el valle parece no tener salida posible, se construyó un túnel horadado en la pendiente que lleva al tramo final de la ruta a Milford Sound.


El verde abrumador de los árboles que tapizan las montañas es producto de los 9000 milímetros de precipitaciones anuales, poco menos del triple de la media más alta que hay en la Argentina. A eso se suma que las montañas se elevan hasta 800 metros directamente desde el nivel del mar, creando algunos lugares de penumbra inquietante y fascinante al mismo tiempo. A Milford Sound, que traducido sería la ría de Milford, se llega en barcos como el Friendship, para unos 50 pasajeros y en excursiones de 12 horas de duración que parten desde Queenstown (a un costo de u$s 450 por persona). Pero también hay otras maneras de recorrer estos valles glaciarios inundados por el mar y poblados de focas y pingüinos. La mejor, sin dudas, es caminar durante tres o cuatro días el Milford Track, un sendero de 50 kilómetros considerado el más bello del mundo. Claro que para formar parte de la excursión hay que reservar el lugar con un año de antelación.

Adrenalina y naturaleza

Luego de tanta paz y ya de nuevo en Queenstown hay que disfrutar de la ciudad donde nació el bungy jumping. Y, por supuesto, es el único sitio en donde uno puede saltar desde el primer y original bungy, ubicado en el Kawarau Bridge, con una altura de 43 metros y llegando a tocar el agua, aunque también hay otras opciones como tirarse desde Nevis Highwire, el bungy más alto del mundo, de 134 metros.

Estos saltos, igual que otras actividades como el zorb (enormes esferas de goma en donde uno puede meterse para rodar por una ladera) o el jetboat son parte de la tradición neocelandesa de crear nuevas maneras de disfrutar entornos naturales úni

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